La exposición 'Exvotos de la Desobediencia' despierta una resonancia profunda en el arte colombiano
La exposición 'Exvotos de la Desobediencia' ha generado una respuesta intensa y sostenida, reafirmando la vigencia de la obra de Débora Arango y la potencia de las preguntas que plantea. No se limita a un reconocimiento histórico, sino que profundiza en la constatación de que sus cuerpos —heridos, expuestos y en tensión— siguen reflejando realidades contemporáneas. Este encuentro entre la mirada actual y una obra que mantiene su filo crea una experiencia que trasciende lo estético para instalarse en lo ético y político.
La tensión de los cuerpos en la obra de Arango
En obras como 'La Mística' de 1940, una acuarela incluida en la exposición, se observa una tensión antigua: el deseo que no encuentra cabida en el orden establecido. No es una abstracción, sino una experiencia concreta de existir en condiciones que impiden la plenitud. Los versos de Santa Teresa de Ávila, evocados en esta pieza, resuenan con la condición femenina actual, mostrando cuerpos deseantes y encarnados donde la historia se inscribe con violencia.
Los gestos se tensan y las formas se abren, revelando un desajuste profundo causado por presiones sociales, exclusión y estructuras de poder. Esta deformación no es meramente expresiva; es la manifestación visible de vidas sometidas. En esta tensión, emerge la dimensión más radical de la obra de Arango, donde lo religioso aparece como conflicto, evidenciando fracturas entre lo vivido y lo esperado.
Interrogando la fe y la persistencia de la vida
Las imágenes de Arango no ilustran la fe, sino que la interrogan, mostrando la persistencia del dolor, la desigualdad y la violencia en contextos tradicionalmente asociados al consuelo. A pesar de la crudeza, algo insiste: los cuerpos no desaparecen ni se disuelven en la opresión. Permanecen, resistiendo incluso cuando todo parece indicar lo contrario. La vida en su obra se presenta como insistencia, una forma de desobediencia callada e irreductible.
Esta insistencia otorga a su trabajo una dimensión mística, pero en un sentido radical: no como elevación trascendente, sino como inmanencia y permanencia en un mundo que a menudo se siente como encierro. Para Arango, la cárcel no es metáfora, sino condición, y aún así, la vida persiste.
Detalles de la exposición y su contexto curatorial
Bajo la curaduría de María Belén Sáez de Ibarra, la exposición posiciona a Débora Arango como una fuerza crítica para repensar Colombia, en diálogo con obras de otros artistas. Incluye:
- 20 obras de Débora Arango en óleo y acuarela, creadas entre 1940 y 1950.
- 12 xilografías en color de Alfonso Quijano, de 1965 a 1980.
- El óleo 'La barequera en reposo' (1942) de Pedro Nel Gómez, del proyecto Bachué.
- El 'Tríptico del cordero' (2024) de Luis Giraldo, realizado en ceniza y sangre de cordero sobre papel, de las colecciones de la Universidad Nacional de Colombia.
El proyecto ha sido posible gracias al préstamo del Museo de Arte Moderno de Medellín, custodio del legado de Arango, y a la colección del proyecto Bachué de José Darío Gutiérrez. La exposición se inauguró el sábado 18 de abril a las 11:00 a.m., en el marco de ARTBO Fin de Semana, en el Claustro de San Agustín, Carrera 8 #7-21, centro de Bogotá, con entrada libre.



