El adiós a un pilar de la tauromaquia colombiana
La muerte del maestro Jerónimo Pimentel ha dejado un profundo vacío en el mundo taurino colombiano, generando numerosas reflexiones sobre su invaluable contribución a la modernización del toreo en el país. Este matador español, que llegó a Colombia como un aventurero, terminó dedicando su vida, energía y vasta experiencia a enriquecer la fiesta brava nacional, transformándose en una figura fundamental para su desarrollo.
Un arquitecto de la tauromaquia moderna
Pimentel se erigió como el principal impulsor de la tauromaquia durante la segunda mitad del siglo XX en Colombia. Su legado es tangible en múltiples aspectos:
- Creación y desarrollo de ganaderías bravas
- Construcción y mejora de plazas de toros
- Organización de ferias taurinas a lo largo del territorio
- Formación de novilleros a través de alternativas
- Fundación de la Escuela Taurina de Choachí
Como señaló el pensador Nicolás Gómez Dávila en uno de sus escolios: "La civilización agoniza, cuando la agricultura renuncia a ser modo de vida para volverse industria". Pimentel representaba precisamente esa concepción del toreo como modo de vida, no como mero espectáculo industrializado.
El ocaso de los taurinos románticos
Jerónimo Pimentel pertenecía a una generación de taurinos bohemios que vivían la fiesta brava con intensidad día y noche. Eran hombres que parecían haber nacido de la propia esencia del toreo, para quienes esta tradición constituía su razón de ser, su sustancia vital y su forma de entender el mundo.
Hoy, según analizan expertos del sector, la realidad es marcadamente diferente. La generación actual es predominantemente espectadora más que aficionada, con una participación ocasional y escéptica que la ha hecho vulnerable ante los movimientos prohibicionistas.
Dos visiones enfrentadas del toreo
Mientras Pimentel apostaba firmemente por:
- Los municipios como base fundamental de la popularidad taurina
- Las escuelas formativas sobre la instrucción individual
- El desarrollo de la niñez y la novillería como raíces de la tauromaquia
- El fortalecimiento de matadores nacionales
Actualmente predominan visiones que:
- Consideran prescindible la participación campesina en eventos taurinos
- Priorizan figuras peninsulares sobre talento local
- Desestiman la crítica torista como elemento oxigenante
- Construyen espectadores en lugar de aficionados devotos
El legado social y espiritual de Pimentel
Para que el toreo sobreviva en Colombia, argumentan los conocedores, debe nutrirse de bases sólidas que lo vivan con pasión. Jerónimo Pimentel entendía esto perfectamente, trabajando incansablemente desde las escuelas taurinas, los municipios, las novilladas y los espacios populares.
Su filosofía podría resumirse en sus propias palabras: "El toreo es lo único que he sabido hacer en la vida... y lo único que me ha hecho sentir alguien". Este español que se volvió más colombiano que muchos, modernizó el toreo nacional llevándolo a regiones recónditas y brindando oportunidades a cientos de niños que hoy son matadores o novilleros orgullosos.
La Escuela Taurina de Choachí perpetuará su legado, manteniendo viva su fe en el pueblo colombiano y en las bases necesarias para reconstruir este castillo tambaleante. Pimentel demostró que el toreo puede ser una labor social, vital y espiritual, trascendiendo el mero espectáculo para convertirse en rito y tradición arraigada.



