Estudio arqueológico en Hungría revela flexibilidad en roles de género hace 7.000 años
Roles de género flexibles hace 7.000 años en Hungría

Hallazgo arqueológico en Hungría cuestiona roles de género tradicionales en el Neolítico

Una investigación arqueológica de gran envergadura realizada en el este de Hungría está proporcionando evidencias reveladoras sobre la organización social durante la Edad de Piedra. El análisis exhaustivo de 125 esqueletos descubiertos en dos cementerios neolíticos sugiere que, aproximadamente hace 7.000 años, ciertas comunidades prehistóricas podrían haber exhibido una flexibilidad significativa en los roles de género, desafiando así las suposiciones tradicionales sobre la división de tareas entre hombres y mujeres en períodos antiguos.

Metodología y contexto histórico del estudio

El estudio, publicado recientemente en la prestigiosa revista American Journal of Biological Anthropology, se centró en los yacimientos arqueológicos de Polgár-Ferenci-hát (datado entre 5300 y 5070 a.C.) y Polgár-Csőszhalom (entre 4800 y 4650 a.C.). Durante este período histórico, las llanuras de la actual Hungría estaban habitadas por poblaciones de origen anatolio que introdujeron el modo de vida neolítico en la región durante el sexto milenio antes de Cristo.

Esta transformación cultural implicó la adopción de una economía agrícola basada en cultivos introducidos y animales domesticados, junto con el desarrollo de asentamientos permanentes, cerámica, herramientas de piedra pulida y producción textil. Los investigadores analizaron tanto las características óseas de los esqueletos como los objetos encontrados en las tumbas para inferir las actividades cotidianas que realizaban estos individuos prehistóricos.

Evidencias óseas y patrones funerarios diferenciados

El análisis osteológico reveló patrones de actividad física marcados en los restos humanos. En varios esqueletos masculinos se observó una elongación significativa en la extremidad superior derecha, una modificación ósea que los investigadores asocian con el lanzamiento repetitivo de objetos como palos o lanzas. Por otro lado, en algunas mujeres se detectó hiperextensión en los dedos de los pies, un rasgo que podría relacionarse con actividades prolongadas realizadas de rodillas, como la molienda de granos.

Las prácticas funerarias también mostraron patrones diferenciados entre los sexos. La mayoría de los hombres fueron enterrados recostados sobre el lado derecho y acompañados de herramientas de piedra pulida. En contraste, las mujeres solían colocarse sobre el lado izquierdo y ser enterradas con cinturones adornados con cuentas de concha, sugiriendo una diferenciación ritual en el tratamiento mortuorio.

Excepciones que desafían las normas establecidas

El cementerio de Polgár-Csőszhalom presentó varios casos excepcionales que no encajaban con estas normas establecidas. Los investigadores documentaron dos esqueletos masculinos y cinco femeninos enterrados en posiciones que no coincidían con las prácticas habituales para su sexo biológico.

Uno de los hallazgos más destacados corresponde al de una mujer adulta mayor enterrada con herramientas de piedra pulida, un ajuar funerario que tradicionalmente se asociaba con los hombres en este contexto cultural. El análisis de los huesos de sus pies mostró además un patrón de actividad de rodillas similar al observado en algunos individuos masculinos del mismo sitio arqueológico.

Para los investigadores, estos descubrimientos sugieren que no existía una regla estricta que vinculara la posición funeraria con el sexo biológico, indicando una mayor flexibilidad en los roles sociales de lo que se había supuesto anteriormente.

Implicaciones antropológicas y perspectivas regionales

Los científicos plantean que las diferencias entre hombres y mujeres en las prácticas funerarias ya estaban presentes en el Neolítico temprano en Europa central (aproximadamente entre 6500 y 5500 a.C.), pero podían manifestarse de formas diversas según la región y el contexto cultural específico.

Este estudio arqueológico aporta datos valiosos que enriquecen nuestra comprensión sobre la complejidad social de las comunidades prehistóricas y cuestiona narrativas simplistas sobre la división de roles de género en la antigüedad. La investigación demuestra que el debate sobre la distribución de tareas entre hombres y mujeres tiene raíces mucho más profundas de lo que generalmente se reconoce, extendiéndose hasta los mismos orígenes de las sociedades agrícolas en Europa.