La pregunta que plantea Juanita Eslava, responsable de los programas sociales de la Filarmónica de Medellín, resuena con fuerza: ¿Qué sucede con una persona con discapacidad cuando finaliza su etapa escolar? “Cuando son niños, la gente suele decir que son angelitos de Dios, pero al crecer, parece que esa percepción se desvanece y las oportunidades desaparecen para ellos”, reflexiona Eslava.
El origen del programa Soy Músico
Esta inquietud recorrió los pasillos de la Filarmónica de Medellín hasta que en 2017 se tomó la decisión de crear el programa Soy Músico, una iniciativa dedicada a la enseñanza formal de la música para personas con discapacidad. El programa busca llenar el vacío de oportunidades que enfrentan estas personas al terminar su educación básica, ofreciendo un espacio de formación artística y desarrollo personal.
Impacto y transformación
Desde su creación, Soy Músico ha demostrado que la música es un vehículo poderoso para la inclusión. Los participantes no solo aprenden a tocar instrumentos y teoría musical, sino que también fortalecen habilidades sociales, cognitivas y emocionales. El programa se ha convertido en un modelo de cómo las instituciones culturales pueden contribuir a la equidad social.
La Filarmónica de Medellín, conocida por su compromiso con la comunidad, ha logrado que estos músicos con discapacidad encuentren un lugar donde su talento es valorado. El Soy Músico Fest, evento anual que muestra el progreso de los participantes, es una prueba del éxito de esta iniciativa.
Un llamado a la reflexión
La historia de Soy Músico invita a repensar el papel de la sociedad frente a las personas con discapacidad. Más allá de la etapa escolar, es necesario crear espacios que les permitan seguir desarrollándose y contribuyendo activamente. La música, en este caso, ha sido el puente hacia una vida más plena e inclusiva.



