Alternativa Film Festival en Medellín: cine que nombra el dolor del Sur Global
Alternativa Film Festival: cine que nombra el dolor del Sur Global

La noche del 24 de abril estuvo pasada por agua en Medellín. Ni el aguacero ni el frío lograron dispersar a las cerca de 5.000 personas que, con paraguas y carpas, se reunieron en la plazoleta del Museo de Arte Moderno de Medellín (MAMM) para disfrutar de una función al aire libre. No había estrellas de Hollywood ni campañas de marketing masivo, solo la película 'Cómo ser millonario antes que muera la abuela' y una sala que se agotó antes de que apagaran las luces. Esta imagen, con vendedores ambulantes y espectadores de pie, reflejó la esencia del Alternativa Film Festival en su tercera edición: el cine del sur global convocando a una audiencia que se reconoce en historias de Kirguistán, Afganistán o México.

Un festival con enfoque social

El Alternativa Film Festival, más que un festival de cine tradicional, es definido por su directora, Liza Surganova, como "un sistema alternativo para reconocer a cineastas de industrias que raramente llegan a las pantallas del mundo". A diferencia de otros certámenes, aquí se valora el potencial de transformación social de las películas: qué tan profundo cala la historia y a cuántas personas puede mover. El festival, nómada por naturaleza, llegó a Medellín tras pasar por Almaty (Kazajistán) en 2023 y Yogyakarta (Indonesia) en 2024. La elección de la capital antioqueña como primera sede latinoamericana responde a su energía creativa, su ecosistema cinematográfico en crecimiento y el apoyo institucional.

Harold Forero Neira, representante senior de inDrive, compañía que promueve el festival, señaló: "El espíritu vibrante de esta ciudad encaja perfectamente con nuestra misión. Queremos democratizar el acceso a la industria cinematográfica en el Sur Global y amplificar las voces que generan cambio". En términos menos institucionales, se trata de elegir una ciudad que se ha reconstruido desde adentro, como lo evidenció Surganova durante una visita a Las Constelaciones, un barrio que pasó de ser peligroso a un espacio creativo donde la comunidad aprendió a hacer cine.

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Historias que conectan

La programación incluyó producciones de Colombia, Uruguay, Bolivia, Perú, Portugal, India, Tailandia, Malasia, Brasil, Chile, Georgia e Irán. Cada película era un diagnóstico de problemas compartidos: el extractivismo que afecta a mujeres campesinas, la soledad del migrante, la violencia disfrazada de rutina y el amor que sobrevive donde no debería. Dauern Tashkembayev, actor kirguís que debutó con 'Only Heaven Knows', interpreta a Eric, un inmigrante en Chicago atrapado entre deudas y relaciones rotas. "Todos entendemos a Eric, aunque no queramos", afirma.

Lina María Zuleta, lideresa social de Ituango (Antioquia), participó como moderadora del conversatorio de 'La Reserva', película mexicana sobre una mujer indígena que protege su territorio frente a una empresa minera. "Ninguna sabemos los peligros que implica una defensa activa de la vida, pero no tenemos opción", dice Zuleta. La película, aunque mexicana, resonó en la sala de Medellín como si fuera la historia de Ituango. Ese reconocimiento del dolor compartido del Sur Global es lo que el festival busca activar.

Premios y distribución

Esta edición ofreció una bolsa de premios de 120.000 dólares, distribuida entre 15 largometrajes y 15 cortometrajes de 17 países en 21 idiomas. Cada largometraje ganador recibe 20.000 dólares y cada cortometraje, 10.000. Además, el festival cubre tiquetes y alojamiento a todos los directores en competencia y conecta sus obras con redes de distribución. Surganova enfatiza que el festival no busca mostrar cine del Sur Global en Europa, sino en el propio Sur Global, donde las películas pueden generar mayor impacto.

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Cierre en el Jardín Botánico

El Museo de Arte Moderno de Medellín abrió su Noche Extendida para la última proyección del festival, con el estreno nacional de 'No hay hombres buenos', de la directora afgana Shahrbanoo Sadat, que pasó por la Berlinale 2026. La película sigue a Naru, la única camarógrafa de la televisión pública de Kabul, en los últimos días de libertad antes del regreso de los talibanes. La sala al aire libre, con vendedores de crispetas y mangos, volvió a llenarse. La clausura y premiación se realizaron en el Orquideorama del Jardín Botánico, cerrando diez días que demostraron que hay un público en esta ciudad, en este país y en este continente que quiere ver historias que, aunque no son las suyas, de alguna manera sí lo son.