Father Mother Sister Brother: Jarmusch y su sofisticada irreverencia
Father Mother Sister Brother: la irreverencia sofisticada de Jarmusch

Jim Jarmusch no es un director que se someta ni a los principios del entretenimiento masivo ni a los del cine de vanguardia. Así lo describe David Guzmán Quintero en su crítica sobre la última película del cineasta, Father Mother Sister Brother. La cinta, que se llevó el máximo galardón en el Festival de Venecia, no fue siquiera nominada a los premios Oscar. Esto refleja la posición de Jarmusch en Hollywood: un director irreverente que no se ha dejado domesticar por la industria y mantiene una postura juguetona.

Un estilo único y despreocupado

Las propuestas de Jarmusch están lejos del preciosismo y rozan lo caprichoso. Ha explorado contextos diversos, desde personajes que conversan en cafeterías hasta vampiros, vaqueros y samuráis, apropiándose de cada uno de manera descarada. Esto genera una filmografía que provoca deleites absolutos o disgustos recurrentes, algo que el espectador debe aceptar al ver una película suya.

Una película antológica

Father Mother Sister Brother es un filme antológico, formato que Jarmusch ya ha utilizado. La historia se desarrolla en un paisaje nevado: dos hijos visitan a su padre y mantienen una conversación llena de frases de compromiso; dos hijas van a ver a su madre y la etiqueta, junto con el celular, interfiere en una charla cómoda; finalmente, un relato que actualiza la serie de cortos Coffee & Cigarettes.

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Sofisticación formal

Lo que sorprende en esta película es su sofisticación formal, que inhibe la experiencia juguetona habitual. La puesta en escena es casi cosmética, con una fotografía que parece de revista. Las conversaciones se limitan a una mesa redonda en espacios cerrados y la cámara usa planos contraplanos. Sin embargo, esto no hace la propuesta insulsa: la forma oculta lo mismo que ocultan los personajes. Lo único que rompe la parsimonia es la mirada de los protagonistas hacia jóvenes en patineta, filmados en cámara lenta, como un horizonte deseable pero imposible. La música extradiegética, un jazz-rock impresionista, sintetiza el conflicto entre el sujeto y su máscara social.

Un final revelador

El último relato muestra un apartamento vacío, sugiriendo que hay espacio para la honestidad si quitamos la mesa redonda del medio. La crítica invita a reflexionar sobre la máscara que imponen los códigos sociales y la posibilidad de autenticidad.

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