El Flecho: cuando los ríos chocoanos se convierten en rutas de cultura y derechos
Para los habitantes del Chocó se ha vuelto una escena habitual: lanchas que navegan por los caudalosos ríos cargadas no solo de pescado o enseres, sino de libros y elementos culturales que transforman realidades. Este panorama representa la materialización de un sueño que cumple una década: El Flecho, la Fiesta de la Lectura y la Escritura del Chocó, ha logrado consolidarse como un evento cultural imperdible que desafía los estereotipos sobre este territorio.
De la idea a la realidad: una década navegando contra corriente
Hace diez años, un grupo de artistas chocoanos se reunió con una misión clara: potenciar la cultura en su departamento. Así nació El Flecho, una iniciativa que buscaba darle "un segundo aire" al lugar que los vio nacer mediante el poder transformador de la palabra. "El Flecho no es solo un evento de literatura; es la oportunidad de generar un arraigo y contar con nuestra propia voz", explica Velia Vidal, autora y fundadora del festival.
Lo que comenzó como un modesto evento de cinco días en las calles de Quibdó, hoy se ha convertido en un fenómeno cultural que en su última edición duró 18 días, contó con más de 100 actividades y llegó a aproximadamente 13.000 personas en municipios como Bahía Solano, Quibdó, Turbo e Istmina.
Derechos culturales: más allá de la salud y la educación
Velia Vidal insiste en un concepto fundamental: la cultura debe ser considerada como una garantía fundamental de las personas. "Nos permite imaginar nuevos territorios y pensar un futuro diferente al que los relatos usualmente nos guían", afirma la escritora. Esta perspectiva resulta especialmente relevante en un departamento donde el 95% de sus habitantes se reconocen dentro de comunidades étnicas, pero donde faltaban relatos propios en las páginas de los libros disponibles.
El festival surgió precisamente para llenar este vacío. En ciudades como Turbo no existe una sola librería, y en Quibdó la oferta cultural se reduce principalmente a una gran biblioteca en la vía principal. El Flecho llegó para demostrar que el acceso a la cultura es un derecho que debe garantizarse, especialmente en territorios históricamente excluidos.
La construcción comunitaria: solidaridad sobre grandes chequeras
Lo más notable de este festival es su modelo de organización. No depende de grandes presupuestos, sino de la solidaridad y las luchas comunitarias. Desde sus inicios, Velia Vidal recurrió a estrategias creativas: "Hay un invitado que queremos traer; usted pague un pasaje, yo pago el otro", proponía a posibles colaboradores.
Con el tiempo, se han sumado actores diversos:
- Consejos comunitarios negros de varios municipios
- Instituciones educativas locales
- Escritoras reconocidas como María Victoria Palacios y Pilar Quintana
- Pescadores y lancheros que comparten sus vivencias
- Entidades como Penguin Random House y Planeta
Incluso el Ministerio de Cultura reconoce hoy a El Flecho como uno de los "pesos pesados" del panorama cultural nacional.
Transformando narrativas: del conflicto a la potencialidad
Christian Vásquez, organizador del festival, explica uno de sus propósitos centrales: "Todos tenemos también derechos culturales; la posibilidad de disputar narrativas hegemónicas en las que Chocó es marginal. Este festival desafía esos relatos". A través de su investigación académica, Vásquez ha demostrado cómo la cultura y los libros pueden convertirse en el mejor activo para el progreso territorial.
La programación de El Flecho aborda problemas estructurales como la violencia, la pobreza y la falta de oportunidades, pero también crea espacios para reforzar el arraigo territorial. "Es un proyecto donde nos mostramos y buscamos ser noticia desde nuestras potencialidades, no desde nuestras necesidades", subraya Vidal.
Impacto tangible y futuro promisorio
Los resultados de esta década de trabajo son concretos:
- Aproximadamente 800 niños son beneficiados e inducidos al mundo de la cultura
- Generaciones mayores han redescubierto su derecho a acceder a espacios culturales
- Se ha creado una vitrina para artesanos, mineros artesanales y emprendedores locales
- Se fortalece la transmisión de tradiciones afrocolombianas a través de sabedores y ancianos
Vidal utiliza una metáfora poderosa para describir la evolución del proyecto: "Cuando creamos esto pensamos en un motete: un canasto donde cualquier chocoano transporta enseres o comida. Ahora nosotros queremos un motete para el alma, cargar las cabezas y los pensamientos de sentido y oportunidades".
Mientras las lanchas continúan navegando por los ríos Atrato, San Juan y Baudó, llevando en sus bodegas no solo mercancías sino también derechos y esperanzas, El Flecho demuestra que Chocó es mucho más que lo que tradicionalmente se ha contado sobre este territorio. Es un lugar donde la cultura fluye con la fuerza de sus ríos, transformando realidades y construyendo futuros desde la palabra propia.



