En 2006, cuando se estrenó El diablo viste a la moda, el lujo dejó de ser un universo distante y casi mítico para integrarse en la conversación de los espectadores. Lo que hasta entonces parecía exclusivo de una élite se volvió aspiracional y comprensible, según explica Ana Jiménez Sánchez, country manager de GoTrendier en Colombia.
El impacto de la primera película
La película no solo expuso las dinámicas de poder, a menudo abusivas, de Miranda Priestly, considerada el alter ego ficticio de Anna Wintour, dentro de Runway, la revista que retrata la moda editorial. También abrió la puerta en el cine pop a casas como Prada, Dior, Chanel, Dolce & Gabbana y Versace. Más que una historia sobre moda, fue la radiografía de un sistema cerrado que empezaba a transformarse.
Jey Castañeda, empresaria y consultora de imagen, destaca: “El diablo viste a la moda le mostró al público general que la moda no es solo ‘ropa bonita’ ni una industria fácil. Hay elitismo y jerarquías, pero también lenguaje, historias, deseo, criterio y construcción de identidad. La famosa escena del suéter cerúleo resume eso perfectamente. Una prenda aparentemente simple tiene detrás una cadena enorme de decisiones creativas, culturales y comerciales”.
Una nueva era para la moda
Veinte años después, la conversación ha cambiado. En El diablo viste a la moda 2, Priestly intenta mantener a flote una revista icónica en un escenario marcado por presiones económicas, el auge de las redes sociales y la inteligencia artificial, así como por nuevas corrientes enfocadas en la sostenibilidad y entornos laborales menos tóxicos.
Los consumidores actuales cuestionan el modelo de consumo acelerado y adoptan prácticas circulares como la reventa, el alquiler y la producción ética, incluso en el segmento del lujo. Este mercado enfrenta presiones y signos de desaceleración, mientras surge el fenómeno de la “fash-flation”, que describe el aumento significativo de precios en la moda.
“Ahora, lo que se usa implica mezclar lujo, piezas únicas y segunda mano en un mismo outfit para lograr un estilo propio. Poseer una pieza vintage de diseñador tiene más valor por su calidad, durabilidad e historia”, afirma Jiménez Sánchez.
El papel de los personajes
Daniela Riaño Buitrago, stylist de celebridades, agrega que los espectadores toman lo que ven en pantalla, lo consumen y aprenden a decodificarlo. A pesar de las controversias y un contexto donde la inclusión y diversidad han ganado protagonismo, Priestly sigue siendo una figura icónica. Su marca personal permanece intacta, y Andy Sachs (Anne Hathaway) la respeta, demostrando por qué se ha sostenido al frente de una de las revistas más influyentes.
La guionista Aline Brosh McKenna resalta que la moda crea mujeres icónicas con permanencia: “Pienso en Coco Chanel, Diana Vreeland, Iris Apfel. Es una industria en la que la gente trabaja hasta el final, y eso me gusta”.
La evolución de la historia
La película, que se estrena el 30 de abril, marca el regreso del elenco original: Meryl Streep, Anne Hathaway, Emily Blunt y Stanley Tucci. Los personajes han evolucionado: Priestly está próxima a asumir como editora global de contenido; Emily trabaja con Dior; y Andy se ha consolidado como periodista reconocida. Sin embargo, una situación los reúne nuevamente en el mundo editorial.
En moda, se observan códigos de styling más pulidos, como sastrería estructurada y piezas atemporales. Tendencias como el lujo silencioso, el gorpcore y un officewear elevado ganan terreno.
David Frankel, director, afirma: “Todos vemos venir el tsunami de la inteligencia artificial y hacemos lo que sea para sobrevivir. La película aborda eso. La primera era una historia de crecimiento personal; esta trata sobre valores y moral. Veo a Miranda como una figura heroica guiando un barco en aguas turbulentas”.
Estrategia de promoción
Para el estreno, el elenco realizó una gira de medios muy fashion. En Ciudad de México, Streep apareció asesorada por la estilista Micaela Erlanger. Schiaparelli, Versace, Louis Vuitton, Givenchy, Gucci y Prada han sido protagonistas. Riaño Buitrago resalta el rol clave de Anna Wintour, quien apareció en los Oscar junto a Anne Hathaway y en la portada de Vogue con Meryl Streep.
Jiménez Sánchez menciona que el espectador es un actor clave, considerado desde la creación y promoción para fomentar su participación. “Esto pasó con Barbie, donde la estética trascendió la película y se convirtió en un movimiento cultural”.
Castañeda señala que la estrategia es efectiva porque entiende que el entorno fashionista es parte de la conversación antes y después del estreno. “El carisma de Anne Hathaway, la autoridad simbólica de Anna Wintour y el profesionalismo de Meryl Streep activan una conversación mundial casi automática”.
Concluye: “Ojalá Miranda nos deje un mensaje y entienda que la prepotencia y arrogancia en la industria deberían desdibujarse. Ser lejana y elitista no la hace más aspiracional, porque la moda transforma vidas”.



