A finales de los años 80, ciudades como Nueva York enfrentaban un fenómeno que aún resuena: la llegada masiva de inmigrantes y la escasez de vivienda digna. En medio de este panorama, decenas de personas comenzaron a ocupar edificios abandonados, dando origen a comunidades conocidas como squatters u okupas. Lo que para las autoridades era un problema social, para otros se convirtió en una alternativa de vida basada en la solidaridad.
Umbrella House: arte, resistencia y comunidad
Umbrella House no era un lugar común. Sus paredes llenas de grafitis, escaleras intervenidas con objetos reciclados y música que iba del tango al blues reflejaban un ambiente caótico, pero vibrante. A pesar de la falta de servicios básicos, sus habitantes construyeron una comunidad basada en la cooperación y la igualdad. Para la cineasta colombiana Catalina Santamaría, este espacio representó mucho más que un refugio. Allí encontró una “familia” donde la puerta siempre estaba abierta y donde una frase resumía el espíritu del lugar: “Ojalá el mundo se pareciera más a esta casa”. Sin embargo, la experiencia también estuvo marcada por dificultades como los duros inviernos sin calefacción y los constantes intentos de desalojo. Historias similares se vivieron en otros edificios como Puerta 10, donde inmigrantes y artistas transformaron estructuras abandonadas en hogares llenos de vida.
Del abandono a la legalidad
Con el paso del tiempo, el fenómeno okupa en Estados Unidos disminuyó debido a leyes más estrictas. No obstante, algunos residentes de estos espacios lograron negociar con la ciudad y convertirse en propietarios legales. Tanto Umbrella House como Puerta 10 fueron remodelados y hoy forman parte de una zona más residencial y comercial.
Un documental que tardó más de 20 años
El proyecto audiovisual de Catalina Santamaría tomó más de dos décadas en completarse. Bajo el título Squatters / Okupas, la obra reúne material en 16 mm, archivos de los propios habitantes y múltiples entrevistas que reconstruyen esta historia de resistencia urbana. El documental ha tenido un recorrido destacado en festivales. Fue presentado en la Muestra Internacional Documental de Bogotá y en espacios internacionales como el The Art of Brooklyn Film Festival. Además, obtuvo el premio a mejor largometraje documental internacional en el Festival de Cine de Puerto Rico.



