El Laboratorio Experimental Cuerpo y Escena de la Escuela Municipal de Artes (EMA) de Bucaramanga no es un salón convencional de baile; es un territorio vivo donde el cuerpo se convierte en pensamiento, pregunta y transformación. Este espacio reúne a un grupo de jóvenes del área de Danza de la EMA con inquietudes artísticas e intelectuales profundas. Su interés va más allá de la técnica: buscan hablar desde su territorio, reflexionar sobre las realidades que habitan y dialogar con espacios no convencionales y públicos.
El cuerpo que piensa y transforma
Bajo la dirección de María Sonia Casadiego, el Laboratorio promueve la experimentación con el movimiento, la gestualidad, el sonido y el silencio. “La danza la percibo como un territorio vivo donde el movimiento tiene la posibilidad de decir cosas que a veces no pasan por las palabras. En cada acción, cada gesto, cada silencio, descubro una poética sutil y desbordante”, afirma Casadiego.
Se trata de entender el cuerpo no solo como instrumento de forma, sino como lugar de contenido, pensamiento y transformación. Casadiego busca contribuir a una escena santandereana que se atreva a la experimentación, abierta a nuevos lenguajes y nuevas formas de expresión. “Una escena donde el movimiento no se ocupe de la forma sino más de su contenido; me interesa propiciar desde la danza espacios para la pregunta, la reflexión, el encuentro y el disfrute del movimiento, que la creación sea experimentada como un acto de dialogo que nos permita a les artistas abrir las diversas miradas”, resalta.
El legado de una maestra
María Sonia Casadiego inició su formación en ballet clásico a los siete años con su madre, la reconocida maestra Sonia Arias, una de las figuras fundamentales en el desarrollo de la danza en Santander. Sonia Arias sembró en varias generaciones de santandereanos, y especialmente en su hija, el amor por el arte, la importancia de una formación integral que combine técnica y conceptualidad, y la inquietud constante por el conocimiento.
“El legado viene de mi madre. Ella sembró en mí la pasión y el gran amor por este arte, la inquietud por el conocimiento y la importancia de formar bailarines no solo técnicamente, sino también conceptualmente”, recuerda Casadiego. Hoy, esa herencia se materializa en su trabajo con los jóvenes de la EMA, buscando que quienes pasan por sus procesos se queden con la danza como un espacio de pregunta, exploración, reflexión y libertad creativa.
Un valor transformador para los jóvenes
Para los jóvenes participantes, el Laboratorio representa mucho más que clases de danza. Es un espacio donde pueden reconocerse, construir identidad y utilizar el movimiento como herramienta de expresión, transformación y, en muchos casos, resistencia. En un contexto local en evolución, cada vez más jóvenes se suman con nuevas propuestas escénicas.
“Se evidencia una evolución, cada vez son más los jóvenes que se suman al movimiento, generando propuestas escénicas osadas e interesantes. Estas nuevas voces han aportado al campo de la danza, desafiando lenguajes tradicionales y abriendo caminos hacia nuevas formas de creación”, indica Casadiego.
La maestra aplaude iniciativas como el Técnico Laboral en Danza de la EMA por su aporte en la formación de bailarines comprometidos con su territorio. “Espacios como el Teatro Santander y el Teatro Escuela, también han fortalecido este ecosistema, brindando escenarios de calidad para la presentación de obras locales”.
Danza contemporánea en Bucaramanga
De acuerdo con la experta, la aparición de nuevas convocatorias y el regreso de bailarines formados fuera de la región han inyectado energía fresca al sector. Casadiego observa con optimismo esta etapa de transformación de la danza santandereana, al señalar que se reconoce cada vez más su valor como lenguaje artístico, social y político.
“Las redes de circulación, los encuentros de danza, los laboratorios de creación y las plataformas digitales han propiciado el diálogo entre territorios, enriqueciendo la diversidad de voces que habitan la escena contemporánea. Las convocatorias, talleres y demás se han ido descentralizado de las capitales y han apuntado a los municipios y pueblos, con la idea de llegar a muchos rincones de Colombia olvidados”, subraya.
Sin embargo, Casadiego advierte que aún es necesario ampliar los estímulos para que más artistas puedan acceder a recursos de creación y circulación.
Una apuesta por la escena contemporánea
Con una trayectoria que incluye becas del Ministerio de Cultura, pasantías internacionales, residencias artísticas y participaciones en festivales nacionales e internacionales, María Sonia Casadiego ha consolidado una carrera marcada por la experimentación, la dramaturgia del movimiento y la intervención del cuerpo en espacios no convencionales. Recientemente, ha desarrollado procesos de creación en lugares simbólicos como el Parque Centenario, dialogando con el paisaje, las ruinas, el río y las montañas.
A través del Laboratorio Experimental Cuerpo y Escena, Casadiego sigue sembrando lo que su madre inició: la idea de que la danza puede ser un camino de conocimiento, un acto de encuentro y una poderosa herramienta para mirarnos, reconocernos y construir identidad colectiva. De esta manera, los jóvenes están demostrando que la danza contemporánea no solo se baila: se vive, se piensa y se construye desde el territorio.



