Marta Isabel Otero: De odontóloga a virreina hispanoamericana con corazón cordobés
Marta Otero: odontóloga cordobesa es virreina hispanoamericana

Marta Isabel Otero: La odontóloga cordobesa que conquistó Bolivia como virreina hispanoamericana

Hace apenas tres días aterrizó en Colombia y todavía mantiene intacta la emoción del triunfo. Marta Isabel Otero, representante del departamento de Córdoba, regresó al país con la banda de virreina del prestigioso certamen Reina Hispanoamericana, celebrado en Bolivia, y con una convicción que repite con orgullo: "Me siento muy ganadora".

Una experiencia transformadora en tierras bolivianas

Durante veinte días inolvidables, Marta vivió una experiencia que describe como "hermosa y enriquecedora". Recorrió ciudades emblemáticas como Sucre, La Paz, Porongo y Santa Cruz, conoció la rica gastronomía boliviana y experimentó de primera mano la pasión con la que ese país vive los reinados. "No se imaginan cómo los viven. Son apasionados, saben mucho y nos reciben con un amor que uno necesita en ese momento", relata con entusiasmo.

La llegada de Marta a Bolivia fue casi contra reloj. Fue la última designada y tuvo menos de un mes para prepararse exhaustivamente. "Si tú quieres ganar, tienes que comprometerte. Hay sacrificios, trasnochos... así se logran las cosas", afirma con determinación. En apenas veinticinco días logró coordinar vestuario con diseñadores colombianos y prepararse intelectualmente para el exigente concurso.

La conexión cultural que marcó su experiencia

Más allá de la preparación física y estética, lo que más impactó a Marta fue el contacto profundo con la cultura boliviana. Se enamoró del majadito —un plato tradicional de arroz con plátano maduro y carne—, probó incontables versiones de chocolate y vibró con la magnitud del Carnaval de Oruro. "Empieza a las seis de la mañana y termina en la madrugada. Nunca se ve sola la calle", describe, todavía asombrada por la intensidad de la celebración.

En medio de la distancia, también encontró pedazos de su Colombia natal. Un día sonó "La Pollera Colorá" y, sin pensarlo, empezó a bailar cumbia con alegría desbordante. En otra ocasión, colombianos residentes en Bolivia la sorprendieron en el hotel vestidos con trajes típicos, creando un momento que sintió como estar simultáneamente en Santa Cruz y en Montería.

La doble faceta: reina y profesional de la salud

Marta Isabel es, ante todo, monteriana de corazón. Su historia con los reinados comenzó desde la infancia, con una fotografía que la muestra con banda puesta cuando apenas tenía cinco años. A los catorce años ingresó a una escuela de modelaje y comenzó a desfilar en su ciudad, aunque su camino profesional tomó inicialmente otra dirección: estudió odontología con dedicación.

Durante años recibió propuestas para representar a Córdoba, pero decidió priorizar la culminación de su carrera universitaria. Ejerció como odontóloga durante un año antes de aceptar finalmente el título de Señorita Córdoba en el Concurso Nacional de Belleza, donde logró un destacado ingreso al top cinco y obtuvo el derecho de representar a Colombia internacionalmente.

Esta doble faceta —reina y profesional de la salud— no es casualidad. Desde hace más de tres años, Marta lidera brigadas de salud oral en zonas rurales de Córdoba, Bolívar y el Bajo Cauca. A través de un furgón odontológico especialmente equipado, llega a veredas donde el acceso a servicios dentales es limitado o inexistente. "Uno sale cansado, pero recargado con la sonrisa de los niños", explica con genuina emoción. Para ella, este proyecto social no puede detenerse; al contrario, quiere aprovechar la visibilidad obtenida mediante el reinado para ampliar su alcance e impacto.

Pasiones que se complementan y visión personal

Aunque ama profundamente su profesión odontológica, Marta confiesa otra pasión: la comunicación televisiva. Su padre es periodista y creció observándolo frente a las cámaras, desarrollando así un interés natural por los medios. "Me gusta coger un micrófono y hablar de lo que me apasiona", admite con naturalidad. No descarta la posibilidad de radicarse en Bogotá para explorar nuevas oportunidades en el mundo mediático, sin abandonar por ello ni la odontología ni el modelaje.

En un entorno donde los estándares de belleza suelen imponerse con fuerza, Marta Isabel mantiene una postura clara y definida. "Los estándares uno mismo se los tiene que definir", afirma con convicción. Reconoce que la presión social existe, pero cree firmemente que cada reina debe construir su propio camino auténtico. En Bolivia, asegura, todas las participantes eran distintas en culturas, personalidades e historias de vida, convirtiendo la experiencia en una valiosa lección sobre diversidad humana.

Cuando se le pregunta sobre sus inspiraciones, menciona con admiración a Taliana Vargas por su sensibilidad social y a Ariadna Gutiérrez por su fuerza en el mundo de la moda. Sin embargo, al reflexionar sobre el legado que desea dejar, no piensa en coronas brillantes ni en fotografías de portada. Quiere ser recordada como una mujer disciplinada, entregada a sus causas y apasionada por servir a los demás.

"Cuando uno sabe lo que quiere, no hay trasnocho que duela", afirma con sabiduría ganada mediante experiencia. Esta frase resume quizás mejor que cualquier título su extraordinario paso por los reinados: una cordobesa que soñó desde niña, que se formó con excelencia profesional, que trasnochó con determinación por sus objetivos y que hoy, con la banda de virreina hispanoamericana al hombro, insiste en que lo verdaderamente importante no es el puesto alcanzado, sino cumplirle a esa niña interior que comenzó todo con una simple corona de juguete.