En Colombia, la motocicleta ha dejado de ser únicamente un medio de transporte. Hoy se ha convertido en una herramienta de trabajo, compañera de trayectos diarios y un pilar fundamental para la economía de millones de familias. Según datos de la Cámara de la Industria de Motocicletas de la Andi, en el país circulan más de 11 millones de motos, y solo durante 2025 se matricularon más de 1,1 millones de unidades nuevas.
Esta realidad explica por qué una avería mecánica no solo implica quedar varado, sino también pérdidas económicas, retrasos, estrés y, en el peor de los casos, accidentes de tránsito. Santiago Arbeláez, director de posventa de Hero Motos, señala que el servicio posventa se ha vuelto un factor determinante para los compradores de motocicletas en el país. “Muchas personas dependen de su moto para trabajar a diario, así que cada hora en el taller representa ingresos que no llegan al bolsillo”, afirma.
Pero la cuestión no es solo financiera. El mantenimiento preventivo está directamente vinculado con la seguridad vial. Datos de la Agencia Nacional de Seguridad Vial indican que los motociclistas representan más del 60 % de las víctimas fatales en siniestros viales en Colombia. Entre las causas frecuentes se encuentra el mal estado mecánico de los vehículos, un problema que muchas veces comienza con descuidos que parecen insignificantes.
Los errores más comunes que terminan costando caro
Alexander Escobar Bahoz, jefe de Calidad y Servicio Técnico de Hero Motos, asegura que varios de los problemas más habituales en motocicletas se originan por no realizar los mantenimientos preventivos a tiempo. Uno de los casos más frecuentes es no cambiar el aceite en los plazos recomendados. Según el experto, lo ideal es hacerlo entre los 2.500 y 3.000 kilómetros, dependiendo del uso y las especificaciones del modelo. No hacerlo puede acelerar el desgaste interno del motor y elevar considerablemente los costos de reparación.
A esto se suman otras fallas recurrentes como circular con frenos desgastados o usar llantas en mal estado, dos aspectos que afectan directamente la seguridad y la capacidad de respuesta de la moto en situaciones de emergencia. Por ello, Escobar recomienda no descuidar revisiones básicas como el ajuste de la cadena, la revisión de frenos, la verificación del líquido refrigerante, el estado de la batería y el monitoreo constante de las llantas.
Las llantas merecen una atención especial, ya que son el único punto de contacto entre la motocicleta y el pavimento. “Una presión incorrecta o un desgaste excesivo pueden afectar la estabilidad, aumentar las distancias de frenado y elevar el riesgo de accidente, especialmente en calles mojadas”, sostiene el especialista.
Otras fallas que pasan desapercibidas
El experto también advierte sobre otras averías que suelen ignorarse, como pastillas de freno desgastadas, líquido de frenos contaminado, fugas hidráulicas, luces defectuosas, kits de arrastre con mala tensión o suspensiones deterioradas. Aunque parezcan menores, todas pueden alterar el comportamiento de la moto y derivar en daños más costosos o en situaciones de peligro.
“Y, por último, otro aspecto importante es el periodo de rodaje de una motocicleta nueva. Durante los primeros 1.000 kilómetros aproximadamente, no se recomienda exigir el motor al máximo, ya que este proceso permite que las piezas internas se adapten correctamente y ayuda a garantizar un mejor rendimiento y una mayor vida útil”, concluye Escobar.



