Manuela Gómez: la joven promesa del tenis colombiano que sueña con ser número uno
Manuela Gómez: promesa del tenis colombiano

El carácter y la disciplina definen el camino de Manuela Gómez Alfonso en el tenis juvenil colombiano. A sus 15 años, su historia se construye punto a punto, entre resultados, aprendizajes y una convicción firme de llegar a la cima del ranking mundial.

En sus manos, la pelota viaja con fuerza, cae profunda y con la certeza de dónde hacer daño. Sale de su raqueta con una derecha certera que arrincona al rival. Manuela Gómez Alfonso hace una lectura constante del juego y la fuerza se apodera de sus brazos y piernas. El carácter y la berraquera que corren por sus venas, y que se apoderan de su mente, movimientos, saques y golpes, no caben en los 23,77 metros de la cancha en la que entrena todas las tardes en Ruitoque Bajo. Tiene las ansias y la fuerza para cumplir su sueño: convertirse en la número uno del mundo.

“Mis raíces santandereanas son una parte muy importante de quién soy, porque siento que me han dado carácter, fuerza y esa berraquera de no rendirme fácil. Esa forma de ser está muy presente en cómo compito y en cómo enfrento la vida”, admite con una energía que contagia de vida.

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A sus 15 años, ocupa el puesto 121 del ranking de juveniles y prejuveniles de la Federación Colombiana de Tenis y acumula 245 puntos en 11 torneos. Pero ese número se queda corto para contar las ‘pequeñas’ victorias detrás de cada punto que juega. Porque detrás de cada set hay una suma de decisiones. Y detrás de cada punto hay madrugadas, derrotas, conversaciones internas, días en los que el cuerpo pesa más de lo normal y, aun así, se dispone para entrenar.

“Pienso mucho, pero trato de controlarlo. Me hablo constantemente, me enfoco en el punto a punto, trato de mantenerme fuerte mentalmente. A veces también lucho conmigo misma… pero eso hace parte del proceso”, reconoce. Manuela Gómez Alfonso revela que competir, además de llevarla a poner el foco en una rival, la ha llevado a enfrentarse a sí misma.

Ha llegado a finales y semifinales en torneos Grado 4, y también ha sido campeona en sencillos y dobles. Además, ha alcanzado cuartos de final en torneos como los de Grado 3. “Uno de los logros más importantes para mí fue en un torneo COSAT Grado 4 en Bucaramanga, donde llegué a cuartos de final en sencillos y a semifinales en dobles”.

El peso invisible de cada punto

Manuela es, como ella misma lo define, “una niña de 15 años, nacida en Bucaramanga, que está construyendo su camino en el tenis con sueños grandes, pero, sobre todo, con una mentalidad que ha ido formando a través de experiencias muy reales”. Sería reduccionista medir su historia por resultados y ‘rankings’; ella ha atravesado una búsqueda que la tiene, por fin, en un lugar donde siente que encaja. Pasó por ballet, básquet, natación, patinaje. Eran intentos que no lograban sostenerse en el tiempo, porque, como recuerda, “no conectaba realmente con ninguno”. Hasta que el tenis apareció y lo cambió todo.

“Empecé a jugar tenis a los 8 años, y al principio lo hacía solo por diversión… pero poco a poco me fue gustando más y más. Empecé a disfrutar el proceso de mejorar, de competir, de exigirme… y, sin darme cuenta, algo que empezó como un juego se convirtió en una pasión muy grande en mi vida”. En esa transición hubo un punto de quiebre. Cada juego trajo consigo más disciplina, renuncias y carácter. Ese momento llegó cuando empezaron a aparecer los primeros resultados, cuando vio una posibilidad real de convertirse en la mejor de Santander y, luego, del mundo.

“Mi mamá empezó a llevarme a clases, al inicio sin mucha importancia… pero poco a poco me fui enamorando del deporte. Hasta que un día le dije: ‘mami, quiero hacer esto en serio, quiero entrenar todos los días’. Desde ahí todo cambió. Empecé a ir a la liga, a entrenar con más disciplina, a meterme de lleno… hasta llegar a Tennis Pro, donde realmente he crecido muchísimo”.

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Aprender a perder

Si hay algo que ha marcado su proceso es la manera en la que ha aprendido a convivir con la derrota. “Aprender a perder. El tenis es un deporte mental y solitario. Cuando pierdes, no tienes a quién culpar… solo te tienes a ti misma. Y eso duele”. En esa frase se condensa una de las cargas más difíciles: la responsabilidad absoluta, la autoexigencia. Solo queda mirarse, entender lo que pasó y volver a intentarlo. Y es precisamente ahí donde ha empezado a construir algo más profundo que un resultado: su legado.

Este concepto suele estar asociado con años de trayectoria y reconocimiento, pero empieza mucho antes de que alguien lo reconozca. Empieza en los días difíciles, en los entrenamientos en los que no hay ganas, cuando no hay público. “La disciplina no se construye en los días buenos… se construye en los días difíciles. En esos días en los que te levantas cansada, en los que no tienes ganas de entrenar… pero, aun así, decides ir”. Es ahí donde una joven de 15 años empieza a escribir una historia que más adelante otros llamarán legado.

La berraquera no se negocia

En Santander, el carácter es una forma de responder ante la dificultad. En Manuela, esa herencia se traduce en una manera de competir y de vivir. Aparece en los días en los que no quiere entrenar, en los momentos en los que ha dudado de sí misma y ha decidido quedarse, en las veces en las que el resultado no la acompaña. “Sí… y hubo un momento muy fuerte. El año pasado… estuve muy cerca de dejarlo. Pero en ese momento recordé una frase: ‘Si fuese fácil, cualquiera lo haría’. Y eso me hizo cambiar la mentalidad”.

Persistir, en su caso, está lejos de ser una idea romántica; es una decisión que toma casi que en cada golpe. Porque así juega ella, punto a punto. Y claro que también la visita la frustración. A veces más seguido de lo que desearía, como cuando se enfrentó a perder por ‘W’, consecuencia del tráfico que no le permitió llegar. “Ser fuerte es sentirlo todo… la presión, los nervios, la frustración… pero, aun así, pararse firme y seguir”.

Esa definición, tan directa de Manuela, resume su forma de entender la vida. Va más allá del deporte, pero manteniéndose cerca de la cancha. “Ese carácter fuerte se refleja mucho en mi forma de jugar, porque yo no soy una jugadora que se entrega fácil. Así el partido esté complicado, así vaya abajo en el marcador, siempre voy a seguir peleando cada punto. No me gusta regalar nada en la cancha”.

Por eso es tan valioso detenerse a contar todo lo que ocurre antes de una victoria. Y, sobre todo, hace falta reconocer a las mujeres mientras están en ese camino, cuando todavía están construyendo, porque el respaldo puede convertirse en ese impulso necesario para seguir avanzando o puede encontrar a Manuela muy cerca de una victoria y darle el impulso para alcanzarla. Porque, a veces, el verdadero rival no está al otro lado de la red, sino en esa voz interna que duda y cuestiona.

Manuela Gómez Alfonso está ahí, en ese punto exacto en el que el resultado aún no define la historia, pero su carácter ya la está escribiendo. “Siento que mi historia la estoy jugando como se juega un partido de verdad: punto a punto… entendiendo que no todo va a ser perfecto”. En esa manera de asumir el proceso hay una lección que trasciende el tenis: una forma de entender que el camino hacia un objetivo puede ser tan valioso como alcanzarlo. “Todavía no sé cómo va a terminar ese partido… pero lo que sí sé es que lo voy a jugar con todo. Con compromiso, ganas, pasión… y sin rendirme”. Manuela es una santandereana que nos llena de orgullo y que seguramente, muy pronto, nos pondrá a escribir y soñar con ella.