El río Sinú: entre la despensa nacional y la tragedia en Córdoba
En el departamento de Córdoba, el río Sinú ejerce una influencia determinante sobre lo que llega a los platos de los colombianos. De sus aguas depende una parte sustancial de la producción agrícola y ganadera que alimenta al país, incluyendo cultivos esenciales como maíz, arroz, yuca, plátano, ñame y fríjol, además del ganado que pasta en sus llanuras y se transforma en carne y leche.
Una relación ancestral con el territorio
Esta conexión profunda entre cocina y territorio no es reciente. Mucho antes de que se hablara de infraestructura hidráulica moderna, los zenúes organizaron su vida alrededor del agua con una base agrícola altamente desarrollada. Comprendieron que el territorio era naturalmente inundable y con vida propia, diseñando canales que permitían la expansión controlada del agua, dejando sedimentos fértiles tras su retirada.
La creciente no interrumpía su calendario agrícola, sino que formaba parte integral del mismo, una sabiduría ancestral que se representa incluso en el billete de veinte mil pesos colombianos.
La modernidad y sus desafíos
Con el tiempo, la modernidad buscó hacer el cauce más estable, previsible y manejable. Se construyeron jarillones, se rectificaron tramos del río, y desde el año 2000, la represa Urrá I regula el caudal desde el Alto Sinú. Sin embargo, cada temporada de lluvias, el río recuerda su naturaleza indomable.
Cuando el agua supera la capacidad de regulación, cuando el embalse debe realizar descargas, y cuando la planicie se inunda, el Sinú demuestra que conserva su memoria y poder natural.
Una tragedia con impacto nacional
Los eventos de las últimas semanas no constituyeron simplemente una emergencia regional. Miles de hectáreas quedaron bajo el agua, familias fueron desplazadas, se perdió ganado y cultivos fueron arrasados completamente.
Las imágenes que recorrieron el país representaron más que otra tragedia en el calendario invernal; en Córdoba significaron una herida profunda a la despensa nacional. Cuando los sembrados se anegan y se interrumpe el ciclo productivo, la conversación deja de ser local para convertirse en un asunto de interés nacional.
Infraestructura vs. conocimiento ancestral
No se trata de demonizar la infraestructura moderna, pero existe una diferencia fundamental en los enfoques. Mientras los zenúes diseñaron una red distribuida que acompañaba la expansión natural del agua, la ingeniería contemporánea concentró el control en grandes obras, confiando en que esto sería suficiente.
La tragedia no desaparece cuando el nivel del agua desciende. Quedan cultivos destruidos, viviendas afectadas, pérdidas de ganado y suelos que requerirán tiempo considerable para volver a producir. La recuperación es lenta, especialmente para las economías campesinas que dependen de cada ciclo agrícola para su subsistencia.
Decisiones sin diálogo suficiente
La historia de esta llanura es también la historia de decisiones tomadas sin el diálogo necesario con quienes dependen directamente del río. No es únicamente un problema climático o de infraestructura; representa una forma de administrar el territorio que, repetidamente, ha privilegiado el cálculo técnico sobre el conocimiento local, relegando el papel de los ríos como proveedores esenciales de vida.
El Sinú no es simplemente un recurso natural que se controla o administra. Constituye la base de una economía campesina que alimenta gran parte de la mesa nacional. Mientras esta dimensión no ocupe el centro de la conversación y de las políticas públicas, el Sinú seguirá recordando que no todo puede imponerse sin dialogar con las comunidades que conocen y dependen de su ciclo vital.