En mi ejercicio profesional ligado al sector público he participado en tres empalmes de gobierno y la experiencia ha sido siempre la misma: lejos de ser ejercicios serios de transparencia, se convierten en un ritual predecible donde la realidad se maquilla con cifras y narrativas convenientes. El gobierno saliente entrega informes con indicadores aparentemente exitosos y cuentas ordenadas, pero basta con que el entrante rasque la superficie para que aparezcan metas incumplidas, ejecución inflada, proyectos estancados y problemas escondidos.
Hallazgos en el sector agropecuario
Esta vez acompañé el empalme del sector agropecuario del gobierno entrante del presidente Abelardo de la Espriella. Tras un primer análisis de los temas misionales y la ejecución presupuestal del gobierno saliente de Gustavo Petro, el agro colombiano está en sala de urgencias. Durante el cuatrienio, el Ministerio de Agricultura dispuso de aproximadamente 22,6 billones de pesos, pero el crecimiento promedio anual del PIB agropecuario apenas alcanzó un mediocre 2,9 %, muy lejos del potencial superior al 7 %. La participación del sector en la economía nacional se estancó en un raquítico 6 %, cuando debió superar el 15 %. Nunca antes se había invertido tanto para obtener tan poco.
Reforma agraria: promesas incumplidas
En materia de reforma agraria, la brecha entre discurso y realidad es escandalosa. Se prometieron tres millones de hectáreas, pero al cierre del gobierno apenas se han adquirido cerca de 461.000, menos del 15 % de la meta. Más del 44 % no ha sido pagado en su totalidad. La Agencia Nacional de Tierras ha entregado cerca de 200.000 hectáreas sin títulos válidos, sin proyectos productivos, sin crédito y sin acompañamiento técnico. La restitución de tierras tampoco se queda atrás: se infló el registro hasta 8,6 millones de hectáreas sin rigor probatorio, con apenas 424.000 hectáreas restituidas, un pobre 4,9 % de ejecución, miles de víctimas revictimizadas y una peligrosa bomba de inseguridad jurídica.
Crédito agropecuario y deterioro institucional
El crédito agropecuario creció 21,9 % en 2025, pero el sistema sigue excluyendo al pequeño productor: se expande en cifras pero no democratiza, se concentra en grandes actores y margina regiones. Finagro perdió liderazgo y rumbo. El deterioro institucional agrava la situación: el ICA obstaculiza la operación con retrasos en guías sanitarias y fallas en SINIGÁN, generando pérdidas y desorden. Agrosavia enfrenta recortes de hasta 30 % y un debilitamiento que pone en riesgo la ciencia agropecuaria.
Responsabilidades exigidas
El empalme vuelve a desnudar una verdad incómoda: se gastó más que nunca, se prometió en exceso y se entregó muy poco. No basta con explicaciones; el país exige responsabilidades, según Indalecio Dangond B.



