La industria azucarera del valle medio del río Cauca enfrenta una amenaza existencial debido a la combinación de bajos precios internacionales, un peso colombiano fortalecido por factores externos y una caída en el contenido de sacarosa de la caña de azúcar, que pasó del 12% al 10%. Esta actividad económica aporta hasta el 7% del producto interno bruto (PIB) de la región y está compuesta por 15 ingenios que procesan caña cultivada en 240.000 hectáreas, propiedad de 2.000 dueños, ubicadas mayoritariamente en la banda oriental del río Cauca.
Eficiencia y generación de energía
La mayoría de los ingenios son modernos y eficientes en la extracción de sacarosa para producir azúcar cristalizada. Además, realizan cogeneración eficiente y entregan alrededor de 400 megavatios (MW) a la red eléctrica nacional. Media docena de estos ingenios también cuenta con instalaciones para producir etanol, que sustituye hasta el 15% de la gasolina en Colombia. El bagazo de la caña se utiliza para fabricar papel de imprenta y escritura.
Causas de la crisis
La situación es compleja: la población mundial se ha estancado, excepto en el África subsahariana, mientras que las clases medias globales han adoptado estilos de vida más saludables, reduciendo el consumo de azúcar. La producción agrícola en Europa, Estados Unidos e India —segundo productor mundial de azúcar después de Brasil— está subsidiada o protegida, lo que distorsiona los precios internacionales. Se transan volúmenes excedentes de las producciones domésticas con precios volátiles, generalmente inferiores a los que existirían sin subsidios ni barreras arancelarias.
La participación de los cultivadores en el ingreso, de aproximadamente 60 kilogramos por tonelada de caña molida, es muy alta en el contexto global. Esto hace que el eslabón industrial pueda volverse inviable y que toda la cadena colapse si los precios de los excedentes en los mercados internacionales se mantienen bajos de forma permanente.
Retos y alternativas
Existen retos claros: la productividad (toneladas por hectárea) de los cultivadores independientes es mayor que la de las tierras propias de los ingenios o las administradas por estos. El mercado nacional cuenta con protección natural por la distancia y las reglas arancelarias del Pacto Andino, pero es necesario abordar el costo de la caña para los ingenios mediante fórmulas creativas y fomentar integraciones que capturen sinergias.
Una reducción del área cultivada, con menor producción destinada a la exportación, requeriría alternativas como diversificar los cultivos en el Valle del Cauca, mediante una política agropecuaria acertada que contrarreste los efectos de las distorsiones del mercado y la volatilidad del peso. La agricultura del futuro necesitará predios de mayor superficie en todo el mundo, con creciente automatización y, preferiblemente, integración vertical hacia adelante, excepto en cultivos de alto valor agregado como la uva para vino en latitudes apropiadas.
Contexto político y social
Para agravar el escenario adverso, el Pacto Histórico, poco inclinado a impulsar la propiedad privada, ganó las elecciones presidenciales en todos los municipios azucareros de la banda oriental del Cauca. Aunque no son comunidades pobres en el contexto colombiano, no están satisfechas con su situación. Quizás las empresas deberían participar más en la política local para asegurar el buen uso de los recursos. Es necesario transformar los problemas de la industria en una oportunidad para garantizar el bienestar de la región, tarea que incumbe tanto a la región como al Gobierno nacional.



