Proyecto en Magdalena logra salvar 6.040 tortugas marinas en 20 años
Salvan 6.040 tortugas marinas en Magdalena en 20 años

Un programa de conservación en las playas del departamento de Magdalena, liderado por la bióloga marina Aminta Jáuregui, ha logrado en 20 años la introducción de 6.040 tortugas marinas y el monitoreo de 36.000 kilómetros de franja costera en Magdalena y parte de La Guajira. La iniciativa, que comenzó en 2002, busca aumentar la probabilidad de supervivencia de estas especies, seis de las cuales están amenazadas a nivel global según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

El declive de las tortugas marinas en el Caribe colombiano

Aminta Jáuregui, investigadora del Departamento de Ciencias Biológicas y Ambientales de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, recuerda que en las noches de los años 80 y 90 podía observar hasta cuatro o más tortugas marinas en las playas de Magdalena. Sin embargo, a partir de los años 90, esa cifra se redujo drásticamente: “si llegaban 10 tortugas en los tres meses que dura su proceso de anidación, eran muchas”, afirma. Esta disminución no era un caso aislado, sino que reflejaba una crisis global. Según la UICN, actualmente seis de las siete especies de tortugas marinas del mundo presentan algún nivel de amenaza de extinción.

En los dos océanos de Colombia habitan cinco de esas siete especies: la verde, caguama, carey, laúd o cana y la olivácea o golfina. Además, se cree que hay una posible sexta especie, la tortuga negra del Pacífico, según el Ministerio de Ambiente. Todas están en alguna categoría de amenaza, desde vulnerable hasta riesgo crítico, de acuerdo con el Libro Rojo de Reptiles de Colombia.

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Alianza multidisciplinaria para la conservación

Para enfrentar esta crisis, el proyecto creó una alianza que incluye a la Universidad Jorge Tadeo Lozano, la Corporación Autónoma Regional del Magdalena (Corpamag), la Fundación Museo del Mar - Mundo Marino, Petrobras, comunidades de diferentes playas y asociaciones de pescadores. “Esta unión de esfuerzos es una muestra concreta de que cuando articulamos capacidades el impacto se convierte en historia de trabajo que perdura”, señala Alcindo Moritz, presidente de Petrobras Colombia, empresa que se sumó al proyecto en 2006.

Una de las acciones clave es el monitoreo de nidos y el rescate de neonatos. Marcela Fonseca, coordinadora del proyecto, explica que “cuando las tortugas nacen en el medio natural, los neonatos son muy pequeños, tienen mayor cantidad de depredadores, y la probabilidad de que lleguen al mar es baja”. Por ello, los neonatos son llevados a la Fundación Mundo Marino en Santa Marta, donde permanecen unos diez meses hasta alcanzar un tamaño y peso mayores, para luego ser devueltos a su hábitat natural. Esta estrategia, conocida como “levante ex situ”, ha aumentado la supervivencia de las tortugas hasta en un 80%.

Educación ambiental y participación comunitaria

El programa también incluye un fuerte componente de educación ambiental. “Realizamos actividades en las que mostramos a las personas que las tortugas pueden generarles recursos a largo plazo con el ecoturismo sostenible”, menciona Fonseca. Este trabajo ha llegado a más de 900 niños, niñas y adolescentes de instituciones educativas locales, y a más de 300 pescadores de la región. Estos últimos son los encargados del monitoreo en las playas.

Claudio Fuentes, pescador del departamento, relata: “Nosotros caminamos a lo largo de las playas para ver donde ponen huevos las tortugas. Cuando los identificamos, los trasladamos a la fundación. Es como cuidar a un hijo porque es un animal en vía de extinción. Hemos tenido la oportunidad de tenerlas en nuestras manos y soltarlas al mar”. Para esta labor, el proyecto ha capacitado a los pescadores en el traslado seguro de los huevos. Alfredo Martínez, director de Corpamag, destaca que “este es uno de los aportes importantes de esta iniciativa”.

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Amenazas invisibles: cambio climático y erosión costera

Sin embargo, no todas las amenazas son fáciles de controlar. El cambio climático afecta las playas de anidación y los huevos. “Las tortugas no tienen cromosomas sexuales, sino que su sexo se determina a partir de la temperatura del nido. Si pasa cierto límite se obtiene una proporción mayor de hembras, o si está por debajo, son solo machos. La idea es mantenerla en un rango intermedio, pero con el cambio de temperatura es difícil de controlar”, explica Fonseca. Además, las altas temperaturas pueden “cocinar” los huevos o, debido al aumento del nivel del mar, los nidos se inundan y se pierden.

La erosión costera también es un reto. Con el aumento del nivel del mar, las playas están desapareciendo, reduciendo el espacio disponible para la anidación. Por ello, la conservación no puede recaer en una sola institución ni concentrarse en una sola acción. Además del monitoreo, el levante ex situ y la educación, la investigación es otra línea de trabajo.

Investigación y monitoreo satelital

“Otro desafío es la falta de información. Necesitamos más información técnica, científica, para orientar nuestras acciones frente a los desafíos climáticos, antrópicos y sociales”, señala Fonseca. Como parte del proyecto, se han instalado transmisores satelitales en algunas tortugas para monitorear sus recorridos. Muchas han llegado a Estados Unidos, Haití y Cuba. Esto no es extraordinario: una tortuga marina puede nacer en Costa Rica, alimentarse frente a Colombia y recorrer miles de kilómetros hasta Chile. Debido al alto costo de los transmisores, también se utilizan placas plásticas en las aletas, con un correo de contacto. Se han recibido reportes desde Haití y del interior del país.