Diana Puerta, directora de Programas de Sostenibilidad de la Facultad de Administración de la Universidad de los Andes, ha lanzado una advertencia contundente: cada alimento que termina en la basura representa un costo triple para el bolsillo, la sociedad y el medioambiente. La experta propone una "calculadora de triple cuenta" para tomar decisiones de consumo más conscientes.
El impacto económico del desperdicio en los hogares
Puerta invita a reflexionar sobre el dinero que se pierde cuando los alimentos se desechan. "Piensa en el desayuno de hoy. Suma a favor del bolsillo si comiste todo lo servido. Resta si algo quedó. Resta un poco más si en casa pasó lo mismo con otros y si, al abrir la nevera o la alacena, había alimentos vencidos o imposibles de rescatar. Esa es la primera cuenta: la económica. Porque cada alimento que termina en la basura ya fue pagado", afirma.
Según datos citados por la experta, en el mundo se desperdician más de 1.050 millones de toneladas de alimentos cada año. Cerca del 60% de ese desperdicio ocurre dentro de los hogares, no en supermercados ni restaurantes. Cada persona desperdicia en promedio 79 kilogramos de alimentos al año únicamente en su casa.
El impacto económico puede ser considerable. Puerta explica que un hogar colombiano de clase media que destina cerca de $1,5 millones mensuales a la compra de alimentos y desperdicia apenas el 15% de ellos estaría perdiendo alrededor de $225.000 cada mes, lo que equivale a más de $2,7 millones al año. "Desperdiciar alimentos es desperdiciar el fruto del trabajo. Ahorrar no siempre empieza buscando el supermercado más barato; muchas veces empieza aprovechando mejor lo que ya compramos", señala.
La dimensión social: consumir local fortalece la economía
Más allá del ahorro, cada compra tiene consecuencias sobre la economía y el empleo. Puerta plantea la segunda cuenta: el impacto social. "Suma si en ese desayuno hubo alimentos producidos en Colombia, comprados a agricultores locales o a empresas que generan empleo formal. Resta si tu compra proviene de pagar mal o invisibilizar a quienes cultivan, transportan y preparan lo que comemos", escribe.
Detrás de productos como una papa boyacense, un tomate santandereano, un mango tolimense o una tilapia huilense hay más de 3,2 millones de colombianos que dependen del sector agrícola. Elegir alimentos nacionales fortalece uno de los sectores que más empleo genera en el país y dinamiza las economías regionales. Además, consumir productos locales reduce las emisiones asociadas al transporte de alimentos que recorren largas distancias.
La cuenta ambiental: alimentos de temporada y porciones justas
La última dimensión de la propuesta está relacionada con el medioambiente. Puerta invita a privilegiar alimentos locales, de temporada y poco procesados, además de servir únicamente las porciones que realmente se consumirán. "Suma si elegiste alimentos locales, de temporada, poco procesados y producidos sin deforestar. Suma si serviste solo lo que realmente ibas a comer", afirma.
Comprar frutas y verduras en su temporada natural favorece sistemas agrícolas que requieren menos almacenamiento, refrigeración y, en muchos casos, menos insumos. Como resultado, los consumidores acceden a alimentos más frescos mientras se generan mejores condiciones para los agricultores y los suelos.
Puerta concluye invitando a mantener siempre presente esa "calculadora de triple cuenta" al momento de decidir qué comprar y cuánto servir. "Ahora te invito a tener esa calculadora a la mano para tomar decisiones, ahorrar, apreciar la sociedad y a la naturaleza como parte de un valor renovado", concluye la directora de Programas de Sostenibilidad de la Facultad de Administración de la Universidad de los Andes.



