En una zona de Colombia donde antes predominaban los cultivos de coca, hoy brota un café de especialidad que está cambiando la historia de cientos de familias. Se trata de Peace Flavours, una marca que nació en el corazón del conflicto y que hoy es sinónimo de paz y desarrollo sostenible.
El origen de una idea transformadora
La iniciativa surgió en el departamento de Nariño, específicamente en el municipio de Tumaco, una región que durante décadas fue epicentro de la violencia y los cultivos ilícitos. Allí, un grupo de excombatientes y campesinos decidió apostarle a un proyecto de vida diferente: cultivar café de alta calidad en las mismas tierras que antes estaban dedicadas a la coca.
Según relata Juan Carlos Riascos, uno de los fundadores de Peace Flavours, "la idea era mostrar que es posible generar ingresos legales y sostenibles, incluso en las zonas más golpeadas por el narcotráfico". La marca no solo produce café, sino que también promueve la reconciliación y la construcción de tejido social.
De la coca al café: un cambio de paradigma
El proceso de transición no fue fácil. Los campesinos tuvieron que aprender nuevas técnicas agrícolas y adaptarse a un mercado exigente. Sin embargo, con el apoyo de organizaciones internacionales y el gobierno colombiano, lograron certificar su café como orgánico y de comercio justo.
Hoy, Peace Flavours exporta su café a países como Estados Unidos, Canadá y varios de Europa. "Cada taza de nuestro café representa una historia de superación y esperanza", afirma Riascos. La marca ha logrado que más de 200 familias dejen atrás la economía ilegal y se dediquen a la producción de café.
Impacto social y económico
El impacto va más allá de lo económico. La comunidad ha visto una reducción significativa de la violencia y una mejora en la calidad de vida. "Antes vivíamos con miedo, ahora vivimos con orgullo", comenta María López, una de las productoras asociadas a Peace Flavours.
La marca también ha impulsado proyectos de educación y salud en la región. Con parte de las ganancias, han construido escuelas y centros de salud, beneficiando a más de 500 personas. Además, han implementado programas de capacitación para jóvenes, ofreciéndoles alternativas al reclutamiento ilegal.
Un modelo replicable
El éxito de Peace Flavours ha llamado la atención de otras regiones del país. Organizaciones como la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) han financiado la expansión del modelo a otros departamentos como Cauca y Putumayo.
"Peace Flavours demuestra que la paz es un negocio rentable", señala un informe de USAID. La marca ha logrado vender más de 50 toneladas de café al año, generando ingresos superiores a los 500 millones de pesos colombianos para las comunidades involucradas.
El futuro del café de paz
Peace Flavours no se detiene. La marca planea lanzar nuevas variedades de café, incluyendo un café descafeinado y una línea de café molido para el mercado nacional. También están desarrollando una aplicación que permita a los consumidores rastrear el origen de su café, desde la finca hasta la taza.
"Queremos que el mundo sepa que en Colombia no solo hay coca, también hay café de paz", concluye Riascos. Con cada grano, Peace Flavours escribe una nueva página en la historia del posconflicto colombiano.



