En Colombia, el futuro del trabajo no se anuncia. Se impone. Se cuela en el presente de las decisiones pequeñas: un analista que delega tareas a una máquina, un equipo que deja de buscar al que más sabe y empieza a preferir al que mejor decide. Un criterio que hoy mueve la aguja de a quién vale la pena contratar.
Las cifras detrás del cambio
Según el informe Job Skills 2026 de Coursera, en el último año, las inscripciones en inteligencia artificial generativa crecieron 288 %. El pensamiento crítico, 318 %. Y el aprendizaje empresarial, 53 %. Estos datos reflejan una tendencia global que también impacta a Colombia: la demanda de habilidades humanas combinadas con capacidades tecnológicas.
"Si se cuenta con capacidad tecnológica, pero no con las habilidades necesarias (…) se está desperdiciando la inversión y perdiendo oportunidades para diferenciarse de la competencia", dijo Salcito en entrevista con este diario.
El nuevo perfil del trabajador colombiano
Las empresas ya no buscan solo técnicos o expertos en una herramienta. Prefieren profesionales capaces de aprender rápido, adaptarse a cambios y tomar decisiones estratégicas. El pensamiento crítico se ha convertido en una habilidad esencial para filtrar información, resolver problemas complejos y liderar equipos.
Por su parte, la inteligencia artificial generativa permite automatizar tareas repetitivas, pero requiere de supervisión humana para garantizar resultados éticos y precisos. Quienes dominen ambas áreas tendrán ventaja competitiva.
El desafío para la educación y las empresas
El informe de Coursera sugiere que las instituciones educativas y las compañías deben actualizar sus programas de formación. No basta con enseñar a usar software; es necesario fomentar habilidades como el análisis crítico, la comunicación efectiva y el aprendizaje continuo.
En Colombia, sectores como la tecnología, la manufactura y los servicios ya están ajustando sus perfiles de contratación. Las vacantes que antes pedían solo conocimientos técnicos ahora incluyen competencias blandas y capacidad de innovación.
El mensaje es claro: la inversión en tecnología debe ir acompañada de inversión en talento humano. De lo contrario, el riesgo de quedarse atrás es inminente.



