Volver al récord comercial con Venezuela tomaría cerca de una década: exministro
Volver al récord comercial con Venezuela tomaría cerca de una década

La relación comercial entre Colombia y Venezuela aún no tiene un horizonte claro. Pese a las expectativas generadas por la captura del exdictador Nicolás Maduro el pasado 3 de enero, los retos para lograr la normalización del comercio binacional continúan presentes en la mayoría de los frentes.

Las incertidumbres técnicas en los pagos, los retos en la infraestructura aduanera, la falta de certeza sobre la gobernabilidad en el vecino país y recientemente un devastador doble terremoto que no solo cobró miles de vidas, sino que estimaciones apuntan a que se perdió, de golpe, el 10% de su PIB, hacen que los retos continúen siendo enormes.

El récord de 2008 y sus factores

Luis Guillermo Plata, exministro de Comercio, Industria y Turismo del expresidente Álvaro Uribe durante el período 2007-2010 (época en la que la relación bilateral fue objeto del mayor intercambio comercial registrado, pero también de las mayores tensiones políticas con el fallecido Hugo Chávez), explicó en entrevista con Portafolio sus opiniones sobre el futuro entre Colombia y Venezuela.

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Durante su gestión, en 2008, el comercio entre Colombia y Venezuela alcanzó un récord superior a los US$7.000 millones. Según Plata, el boom petrolero venezolano (precios del crudo muy altos entre 2004-2008) generó abundantes ingresos fiscales y un fuerte gasto público en consumo, infraestructura y programas sociales. Esto, sumado a la relativamente limitada capacidad de producción local y a una alta demanda de bienes de consumo, alimentos procesados, manufacturas, autopartes y productos agroindustriales, que Colombia podía suplir de forma competitiva por proximidad geográfica, calidad y precios, permitió crecer dramáticamente en ese mercado. También fue importante la vigencia de la Comunidad Andina, que brindaba a los empresarios de los dos países acceso preferencial al mercado y reglas de juego claras.

Comercio pese a tensiones políticas

Ese récord se dio en medio de fuertes tensiones entre los gobiernos de Álvaro Uribe y Hugo Chávez. Plata señaló que el comercio fue un elemento clave para matizar las tensiones geopolíticas. Durante mucho tiempo el pragmatismo se impuso y, a pesar de múltiples crisis, el comercio se mantuvo gracias a una interdependencia económica real en donde ambos países tenían intereses concretos. El sector privado también jugó un rol muy importante: empresarios y cámaras de comercio de ambos países mantuvieron contactos directos, ferias y macro ruedas de negocios, cadenas de suministro y operaciones logísticas. El comercio fronterizo (especialmente a través de Cúcuta) continuó de forma pragmática. No obstante, cuando las tensiones escalaron más, el comercio cayó estrepitosamente. Recordemos la Comisión de Administración de Divisas (CADIVI) que fijaba una tasa de cambio artificial y determinaba a quién y en qué cantidad se le asignaban divisas. Poco a poco el CADIVI comenzó a limitar el acceso a divisas, estrangulando a los exportadores colombianos a quienes no les pagaban.

Sectores con mayor potencial

Consultado sobre qué sectores de la economía colombiana tienen hoy el mayor potencial para impulsar una nueva etapa del comercio con Venezuela, Plata indicó que aquellos que sean capaces de aprovechar la cercanía logística, la complementariedad y la demanda actual de Venezuela. Entre ellos se podrían destacar: alimentos procesados y bebidas, farmacéuticos y medicamentos, plásticos, químicos y agroinsumos, textiles, confecciones y calzado, materiales de construcción y bienes intermedios, maquinaria, equipo y autopartes, y bienes de consumo masivo básicos. El terremoto reciente sin duda afectará en el corto plazo las importaciones de bienes de consumo que no sean absolutamente necesarios, pero muy seguramente tendrá un alto impacto positivo en la importación de materiales de construcción, bienes intermedios, alimentos y medicamentos.

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Horizonte para recuperar el récord

¿Es realista pensar que el intercambio comercial pueda volver algún día a niveles cercanos a los US$7.000 millones? Plata respondió que el año pasado exportamos US$1.070 millones a Venezuela. Este año llegaremos aproximadamente a los $1.450 millones. Para llegar a niveles cercanos a los US$7.000 millones se necesitarían varias cosas: recuperación significativa y sostenida de la producción petrolera más precios favorables; estabilización macroeconómica en Venezuela (control de inflación, acceso a financiamiento externo); levantamiento total de sanciones que afectan pagos y comercio; recuperación de la confianza empresarial (seguridad jurídica), pues muchos empresarios colombianos nunca recibieron pago por la deuda y otros perdieron importantes inversiones que fueron nacionalizadas por el régimen; y definir la transición política. "Todavía no es claro cómo se dará ese proceso, pero es fundamental para reducir la incertidumbre del mercado venezolano. ¿Qué va a pasar con Delcy? ¿Habrá elecciones? ¿Cuándo? ¿Vuelve María Corina? Todas estas son grandes preguntas y aún nadie tiene la respuesta", afirmó Plata. Un horizonte realista sería alcanzar unos US$2.000-3.000 millones en los próximos 4-5 años si las condiciones continúan mejorando, pero retornar a los niveles de 7.000 millones probablemente nos tome cerca de una década.

Hoja de ruta para el nuevo gobierno

Si hoy tuviera que entregarle una hoja de ruta al gobierno del presidente electo Abelardo de la Espriella para fortalecer la relación comercial con Venezuela, Plata enumeró tres prioridades: primero, reactivar y fortalecer los mecanismos institucionales bilaterales técnicos (comisiones mixtas de comercio, aduanas, sanidad, transporte y pagos) para dar continuidad más allá de los cambios de gobierno. Segundo, mejorar la infraestructura y facilitación del comercio fronterizo (modernización de pasos como Cúcuta, reducción de tiempos y costos logísticos). Tercero, apoyar activamente al sector privado binacional con instrumentos de mitigación de riesgo (garantías, seguros de crédito a la exportación) y promoción de pagos confiables, posicionando a Colombia como socio predecible y pragmático. Además, sugirió negociar un nuevo tratado comercial que actualice las normas anticuadas de hace más de dos décadas que hoy rigen el comercio binacional y que responda a las necesidades actuales de ambos países. También se deberá negociar un tratado de Promoción y Protección de Inversiones de última generación. "Es necesario contar con marcos jurídicos modernos que permitan regular y estimular el comercio y las inversiones", agregó.

Enfoque exportador vs. inversión

Algunos empresarios venezolanos sostienen que no basta con exportar y que las compañías colombianas deberían volver a invertir en Venezuela. Plata comentó: "Ellos lo pueden decir porque el que asume todo el riesgo es el inversionista colombiano. Yo pienso que por ahora, y hasta que tengamos mayor claridad, el enfoque principal debe seguir siendo exportador. Es de menor riesgo y más controlable. La inversión extranjera directa colombiana conlleva riesgos altos (historial de nacionalizaciones y cambios regulatorios). Invertir en un país extranjero debe ser un proceso. Se arranca exportando y generando confianza. Exportar primero permite reconstruir confianza y cadenas de suministro de forma más gradual".

Papel del sector privado y regiones fronterizas

Finalmente, sobre el papel que deberían desempeñar el sector privado y las regiones fronterizas para que la recuperación del comercio sea sostenible y no dependa únicamente de la relación entre los gobiernos, Plata indicó que el sector privado (a través de la Cámara Colombo-Venezolana, ANDI, Fenalco, asociaciones sectoriales, etc.), con el apoyo de ProColombia, debe liderar la identificación de oportunidades, el matchmaking empresarial, la resolución de problemas prácticos diarios y la construcción de confianza a largo plazo. Los departamentos fronterizos son un motor natural: sus gobernadores, alcaldes y clusters productivos pueden impulsar infraestructura local, seguridad en la frontera, encadenamientos productivos transfronterizos y comercio de proximidad. Una recuperación sostenible depende de estas redes y necesidades locales más que de la relación exclusiva entre gobiernos centrales.