La prueba definitiva de las obras públicas llega con la naturaleza
Las grandes obras de infraestructura pública rara vez reciben una evaluación objetiva en el momento preciso de su ejecución. Con frecuencia, su valoración queda atrapada entre la polarización política imperante, los inevitables retrasos contractuales y la comprensible impaciencia de la ciudadanía, olvidando que su verdadera prueba de fuego aparece cuando los elementos naturales ponen a prueba la ingeniería humana. Esto es exactamente lo que ha sucedido recientemente con el emblemático Proyecto de Protección Costera de Cartagena.
Un examen práctico inesperado
El frente frío y el intenso mar de leva que afectaron severamente a la ciudad en días pasados se convirtieron, sin haberlo planeado, en un riguroso examen práctico para una obra que todavía no ha alcanzado su culminación total. Y los resultados fueron contundentes: incluso en su estado incompleto, el proyecto cumplió satisfactoriamente su función principal. Las calles de Bocagrande, históricamente devastadas por la erosión costera y la intrusión constante de mareas, resistieron considerablemente mejor el embate del oleaje, evidenciando una reducción significativa en las afectaciones que durante décadas formaron parte del paisaje cotidiano cartagenero.
Este hecho no es para nada menor. Demuestra de manera tangible que el diseño y la concepción técnica del proyecto fueron acertados desde su origen, y que sus beneficios no constituyen meras promesas futuras sino una realidad perfectamente verificable. La protección costera ya está funcionando activamente y, precisamente por esta razón, resulta incomprensible que su culminación definitiva continúe enfrentando obstáculos administrativos y operativos de diversa índole.
Un proyecto que trasciende gobiernos
Es necesario recordar que esta obra estratégica fue contratada durante el gobierno del presidente Iván Duque y la administración del alcalde William Dau. Como ocurre frecuentemente con proyectos de infraestructura de gran envergadura, fue heredada por los actuales gobiernos nacional y distrital con un considerable cúmulo de dificultades acumuladas: retrasos significativos, ajustes técnicos necesarios, controversias contractuales complejas y, como resulta apenas obvio, una creciente desconfianza ciudadana producto de las demoras. Sin embargo, las obras públicas no poseen filiación política alguna; tienen impacto social concreto. Y ese impacto positivo hoy está plenamente a la vista de todos.
Cartagena no puede permitirse el lujo de que una obra de esta magnitud y relevancia crítica quede permanentemente inconclusa. La protección integral de su línea costera no solo representa una necesidad ambiental urgente, sino una obligación económica y social ineludible. De ella dependen directamente sectores turísticos vitales, zonas residenciales completas, áreas comerciales estratégicas y comunidades enteras que han sufrido durante décadas los efectos devastadores del cambio climático, el aumento progresivo del nivel del mar y la fuerza creciente de fenómenos meteorológicos extremos.
Componentes pendientes y responsabilidades urgentes
Pero la protección costera efectiva no se limita exclusivamente a la construcción de espolones, rompeolas u otras estructuras marítimas. Su efectividad plena exige imperativamente que todos los sistemas complementarios entren en funcionamiento de manera oportuna. En este punto específico, uno de los cuellos de botella más evidentes actualmente es la falta de energización de las estaciones de bombeo, infraestructura clave para mejorar sustancialmente los tiempos de evacuación del agua lluvia y mitigar significativamente las inundaciones urbanas recurrentes.
Por esta razón fundamental, resulta absolutamente prioritario que la Alcaldía Mayor de Cartagena, a través de su Secretaría General correspondiente, priorice y lidere con determinación las gestiones necesarias ante Afinia para lograr, sin más dilaciones injustificadas, la energización completa de estas estaciones esenciales. Cada día adicional de retraso se traduce directamente en menor eficiencia operativa del sistema, mayores riesgos concretos para la ciudadanía y una percepción generalizada de abandono institucional que no se corresponde en absoluto con el enorme esfuerzo técnico y financiero ya realizado.
El reciente frente frío dejó una lección sumamente clara para todos: cuando se invierte bien y con criterio técnico, los resultados positivos llegan de manera tangible. Ahora el reto principal consiste en no desaprovechar esa evidencia contundente. Culminar definitivamente las obras y poner en marcha todos sus componentes no representa simplemente una tarea pendiente más, sino una responsabilidad histórica ineludible con Cartagena y con las generaciones futuras que seguirán habitando y defendiendo su frágil pero invaluable franja costera.