La Asociación de Productores de Leche (Asoleche) lanzó una alerta sobre el proyecto de etiquetado frontal del Ministerio de Salud y Protección Social, al advertir que podría alterar las decisiones de compra y reducir el consumo de alimentos esenciales. El gremio sostiene que la medida limitaría la información al consumidor y generaría efectos adversos en la demanda nutricional del país.
Preocupación por restricciones en la comunicación de beneficios nutricionales
El eje de la preocupación radica en que la norma impediría comunicar beneficios nutricionales en productos con sellos de advertencia. Esta restricción, según el gremio, distorsiona la percepción del consumidor frente a alimentos con aportes relevantes para la dieta diaria.
En particular, se advierte que productos como el yogurt, incluso con ingredientes naturales como la pectina, podrían recibir etiquetas negativas. Esto implicaría que, pese a su valor nutricional, no podrían informar que aportan calcio, proteína o vitamina D.
Impacto en el comportamiento del consumidor
La consecuencia directa sería un cambio en el comportamiento del consumidor frente a estos productos. La señal visual de advertencia podría generar rechazo inmediato, independientemente de los beneficios nutricionales que el alimento realmente ofrece.
Desde la perspectiva del gremio, esta dinámica introduce un sesgo en la toma de decisiones de compra. El consumidor podría priorizar la ausencia de sellos sobre el valor nutricional integral del producto. Esto modificaría patrones de consumo en el corto plazo.
Consecuencias económicas y nutricionales
El impacto económico de este fenómeno no sería menor, dado el peso de los lácteos en la canasta alimentaria. Una caída en la demanda de estos productos afectaría tanto a la industria como a la ingesta nutricional de los hogares.
El documento advierte que la reducción en consumo no necesariamente se traducirá en elecciones más saludables. Existe el riesgo de que los consumidores simplemente eliminen ciertos alimentos sin sustituirlos por opciones equivalentes en nutrientes.
En ese escenario, la disminución de ingesta de calcio y proteína se convierte en una preocupación concreta. El etiquetado podría generar un efecto silencioso sobre la calidad nutricional de la dieta sin advertirlo explícitamente.
Complejidad del comportamiento alimentario
Otro punto crítico es que la norma, según el gremio, desconoce la complejidad del comportamiento alimentario. La alimentación saludable no depende de un solo producto, sino de patrones, frecuencia y contexto de consumo.
Reducir esa complejidad a un sello visual puede inducir decisiones simplificadas y potencialmente erradas. Esto refuerza la preocupación sobre la forma en que el consumidor interpretará la información disponible en el empaque.
Críticas a la limitación del derecho a la información
El gremio también cuestiona que la norma limite el derecho a recibir información completa. Se argumenta que impedir comunicar atributos positivos contradice principios de transparencia y elección informada del consumidor.
En términos de mercado, este tipo de regulación podría generar distorsiones en la competencia. Productos con perfiles nutricionales distintos terminarían siendo percibidos de manera similar bajo un mismo esquema de advertencia.
Esto podría desincentivar la innovación y diversificación dentro del portafolio de alimentos procesados. La industria perdería incentivos para desarrollar productos que combinen funcionalidad, nutrición y conveniencia para el consumidor.
Procesamiento de alimentos y su valor nutricional
El procesamiento de alimentos, especialmente en el caso de los lácteos, es otro elemento central en el debate. El gremio sostiene que procesos como la pasteurización o fermentación preservan, y no deterioran, el valor nutricional.
Equiparar procesamiento con riesgo sanitario genera una señal económica y de consumo contradictoria. Esto podría afectar la percepción de categorías completas dentro del mercado de alimentos.
Además, el portafolio de derivados lácteos cumple un rol en la accesibilidad nutricional. Productos como yogurt, queso o kéfir permiten adaptar el consumo a diferentes momentos, preferencias y necesidades del consumidor.
Impacto en la cadena productiva
La eventual caída en la demanda de estos productos tendría implicaciones en toda la cadena. Desde la producción hasta la comercialización, el impacto podría trasladarse a empleo, inversión y dinámica sectorial.
El gremio insiste en que el problema no es el etiquetado en sí, sino su diseño actual. Se reconoce la importancia de informar al consumidor, pero se cuestiona la forma en que se está planteando la regulación.
En este contexto, se plantea la necesidad de ajustes técnicos que reflejen mejor la evidencia científica. La información debe ser completa, equilibrada y coherente con la realidad nutricional de los alimentos.
Declaraciones del gremio
“Una política pública que, en nombre de la salud, desincentive el consumo de alimentos nutricionalmente valiosos, se convierte en una herramienta de señalización o discriminación, que generará un resultado opuesto al deseado”, señaló el gremio.
“Una norma que le impide a un yogurt contarle al consumidor que tiene calcio y proteína no está protegiendo la salud pública: la está poniendo en riesgo”, agregó Ana María Gómez Monte, presidenta de Asoleche.



