El mercado de deuda colombiano respira aliviado tras meses de tensión
El mercado de deuda colombiano, que había estado caminando en una cuerda floja durante meses con tasas al alza y ventas extranjeras, experimentó un giro notable en abril. Los Títulos de Tesorería (TES), el principal instrumento para el manejo de la deuda pública, comenzaron a valorizarse con fuerza, marcando una corrección que no solo frenó las pérdidas de febrero y marzo, sino que devolvió los títulos a niveles más acordes con los fundamentales económicos del país.
Intervención directa y desmonte de estructuras complejas
Uno de los motores clave de este cambio fue la intervención directa del Ministerio de Hacienda, que ejecutó la primera recompra de TES de 2026 a comienzos de mes. En esta operación, el gobierno recibió demandas por COP 6,5 billones y recompró 5,4 billones, concentrándose en referencias de largo plazo como 2036 y 2050. Más allá de esta acción, lo más relevante fue el desmonte del Total Return Swap (TRS), una estructura financiera compleja por USD 9.300 millones establecida en 2025 para sostener la caja gubernamental en un momento crítico.
El TRS, que funcionaba como un puente financiero, permitía transferir rendimientos a cambio de una comisión fija, pero generaba dudas entre los analistas sobre la dependencia del gobierno de mecanismos excepcionales. Según Corficolombiana, el desmonte parcial de esta operación, que ya ha alcanzado cerca de la mitad, reduce la exposición a riesgos de llamados al margen y contribuye a estabilizar la dinámica de la deuda, con la meta de cerrarla antes de la primera vuelta presidencial.
Apoyo del Banco de la República y contexto externo favorable
En paralelo, el Banco de la República jugó un papel crucial al subir las tasas de interés, una decisión que, según el Banco de Bogotá, refleja la independencia del Emisor y ayuda a anclar las expectativas de inflación. Los datos respaldan este movimiento: las expectativas de inflación a 12 meses bajaron de 5,94 % a 5,7 %, y a 24 meses de 4,60 % a 4,4 %. Con la tasa en 11,25 %, el nivel real ronda el 5 %, beneficiando a la deuda de largo plazo.
El contexto externo también aportó un impulso positivo. El petróleo superó los USD 100 debido a tensiones entre Estados Unidos e Irán, lo que se traduce en ingresos adicionales para Colombia. Además, las recientes elecciones y consultas han generado optimismo frente a un posible cambio de gobierno, reflejado en la caída del Credit Default Swap (CDS) a cinco años por debajo de los 200 puntos básicos, indicando una reducción en el riesgo país.
Persisten riesgos fiscales y desafíos estructurales
A pesar de estos avances, la situación fiscal sigue siendo preocupante. Según el Banco de la República, la deuda externa alcanzó USD 253.168 millones en enero, equivalente al 55,2 % del PIB, y el servicio de la deuda ya consume el 23 % del gasto público, frente al 18 % de hace cuatro años. La Contraloría ha alertado sobre el riesgo del endeudamiento acelerado y la débil articulación entre gastos e ingresos, comprometiendo el equilibrio fiscal.
El mercado no ignora estos desafíos. La curva de rendimientos sigue invertida, con un diferencial de -85 puntos básicos entre tasas de corto y largo plazo, y la estrategia de financiamiento se concentra en tramos corto y medio. Corficolombiana advierte que los crecientes riesgos fiscales se reflejarán en las tasas de mayor plazo, recordando la rebaja de calificación a BB- por parte de S&P.
Recomposición del mercado y perspectivas futuras
El ajuste de abril no se limita a una simple entrada de liquidez, sino que representa una recomposición más profunda del mercado. El desmonte del TRS, la recompra de TES, la señal del Banco de la República y el empuje del petróleo están alineando incentivos para reducir el ruido a corto plazo y aumentar la previsibilidad en la caja. Según el Banco de Bogotá, los TES de la parte media de la curva de UVR son los más atractivos, con retornos que superan el 7 % en algunos tramos, ofreciendo un premio más alto que la deuda fija en referencias como los TES 2029 y 2030.
En conclusión, mientras el TRS cumplió una función de puente financiero en un periodo de alto riesgo de iliquidez, como señala Corficolombiana, los puentes no están diseñados para quedarse. El país ha comprado tiempo, pero aún enfrenta el desafío de sostener sus finanzas sin depender de atajos excepcionales, en un escenario donde la confianza del mercado y la disciplina fiscal serán clave para el futuro.



