The Economist alerta sobre riesgos de incrementos salariales sostenidos
Un reciente análisis publicado por la prestigiosa revista británica The Economist plantea una advertencia contundente a gobiernos de todo el mundo: los aumentos continuos del salario mínimo pueden generar efectos económicos adversos que ya son visibles en diversas economías globales.
Aunque esta medida suele presentarse como una herramienta política popular para combatir la desigualdad, el medio sostiene que los riesgos de llevarla demasiado lejos están siendo subestimados sistemáticamente.
Consecuencias negativas documentadas
Según el análisis de The Economist, tras más de una década de incrementos salariales en numerosos países, economistas observan consecuencias preocupantes que van más allá del impacto inmediato en los ingresos de los trabajadores. Entre los efectos documentados se encuentran:
- Reducción significativa en las horas trabajadas
- Menor contratación de trabajadores de bajos salarios
- Deterioro en la calidad general del empleo
- Mayor imprevisibilidad en horarios laborales
- Reducción en la inversión empresarial
- Incremento en accidentes de trabajo
El medio británico cita el emblemático caso de Seattle, donde entre 2015 y 2016 se aplicaron aumentos significativos del salario mínimo. Un estudio publicado en 2022 encontró que, aunque la mayoría de los trabajadores conservaron sus empleos, se produjo una caída notable en las horas trabajadas y una desaceleración marcada en la contratación de empleados de bajos ingresos.
El límite de una herramienta imprecisa
The Economist reconoce que establecer un salario mínimo moderado puede ser beneficioso en contextos específicos donde grandes empleadores concentran el poder de negociación y mantienen salarios artificialmente bajos. En esas situaciones, un piso salarial razonable puede incluso incentivar el empleo.
Sin embargo, el análisis subraya que existe un límite claro en esta política. A medida que el costo de contratar trabajadores aumenta sustancialmente, las empresas desarrollan múltiples estrategias de adaptación:
- Reducción del personal contratado
- Automatización de procesos laborales
- Traslado de costos a precios finales de productos y servicios
Este último efecto resulta particularmente preocupante, ya que golpea con mayor fuerza a los consumidores más pobres, creando un círculo vicioso que puede anular los beneficios iniciales del aumento salarial.
Evidencia internacional y alternativas
El análisis menciona el caso de México, donde el aumento del salario mínimo entre 2018 y 2024 coincidió con una reducción de la pobreza de ingresos del 50% al 35%, equivalente a aproximadamente 15,8 millones de personas. No obstante, The Economist advierte que esta política constituye una forma "ineficiente" de combatir los bajos niveles de vida, ya que muchos trabajadores que ganan el salario mínimo pertenecen a hogares de ingresos medios o altos.
La revista británica plantea que existen mecanismos más precisos para apoyar a trabajadores de bajos ingresos, como los créditos fiscales al trabajo, que distorsionan menos la economía y pueden financiarse mediante impuestos diseñados cuidadosamente.
Conclusión y recomendación
En su conclusión, The Economist sostiene que, tras años de aumentos poco prudentes en numerosos países, la opción responsable ya no es seguir elevando el salario mínimo indiscriminadamente, sino detener su crecimiento desmedido. Aunque políticamente atractiva, esta medida resulta demasiado imprecisa para convertirse en el principal instrumento de redistribución del ingreso.
El análisis resume el fenómeno con una idea central: mientras los salarios pueden subir nominalmente, los empleos tienden a empeorar en calidad, estabilidad y condiciones generales. La combinación de mayores exigencias laborales, menor estabilidad contractual y menos oportunidades de ingreso termina afectando especialmente a los trabajadores más vulnerables, aquellos que las políticas de salario mínimo pretenden proteger.