¿Debe Colombia sacrificar su soberanía energética por la transición?
¿Debe Colombia sacrificar su soberanía energética?

A lo largo de los cuatro años del gobierno Petro, muchas políticas han sido cuestionadas, especialmente en materia energética. La apuesta por una transición a cero emisiones de CO2 ha llevado a decisiones polémicas, como la suspensión de nuevas exploraciones de gas y la pausa en la firma de contratos de explotación con Ecopetrol. Para facilitar este cambio drástico, se han nombrado personas afines al presidente en la junta directiva de Ecopetrol, priorizando la afinidad política sobre la capacidad técnica, un requisito fundamental para dirigir una empresa clave para el país.

Esta situación ha generado preocupación en gremios del sector energético. La Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH) alerta sobre la disminución de reservas de gas, la pérdida de autonomía y una crisis naciente de gas natural que amenaza a toda la industria colombiana. Según Naturgas, los colombianos ya sufren aumentos de precios, como en el gas vehicular, que podrían evitarse con una política energética más pragmática.

El contexto global de las emisiones

Según el IDEAM, en 2023 Colombia emitió el 0,46% del CO2 mundial. La explotación de hidrocarburos ocupa el tercer lugar, detrás de la agricultura y la deforestación, lo que sugiere que los esfuerzos deberían centrarse en otros frentes. En comparación, China emite el 32% y Estados Unidos el 14%. Estos países, que se enriquecieron con petróleo, imponen al sur global la carga de la transición energética, lo que Paula Camargo denomina "colonialismo climático".

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Esto no significa que el cambio climático sea falso ni que la transición sea innecesaria, sino que las soluciones pueden ser desiguales, beneficiando a los países poderosos mientras limitan a los periféricos. La pregunta clave es: ¿debe Colombia liderar la transición con medidas drásticas? La respuesta es no. Es necesario que las potencias asuman la mayor carga financiera, pues son las principales responsables de la crisis climática. Colombia debe priorizar sus intereses nacionales, reconociendo su pequeño impacto global y evitando idealismos en la formulación de políticas energéticas.

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