La rotación de la Tierra ha cambiado, y la ciencia lo confirma. Investigaciones respaldadas por la NASA indican que el día solar se alarga debido al deshielo de los polos y a infraestructuras como represas. Aunque las variaciones son mínimas, la tendencia es clara: los días son cada vez más largos.
Factores naturales y la influencia lunar
Históricamente, la rotación del planeta no es constante debido a dinámicas internas, vientos y mareas. El factor principal de ralentización natural es la Luna; su fuerza gravitacional genera un efecto de freno en los océanos que extiende la duración del día a un ritmo de 1,7 milisegundos por siglo. Sin embargo, estudios recientes financiados por la agencia espacial estadounidense demuestran que otros elementos están acelerando o alterando este proceso de manera inédita.
El impacto del cambio climático en el eje terrestre
Desde el año 2000, el alargamiento del día se ha incrementado a un ritmo de 1,33 milisegundos por siglo debido exclusivamente a factores ambientales. El deshielo de los glaciares, la pérdida de agua subterránea y el consecuente aumento del nivel del mar provocan una redistribución de la masa del planeta. Según las proyecciones científicas, si las emisiones de gases de efecto invernadero continúan aumentando, el efecto del clima sobre la rotación podría llegar a 2,62 milisegundos por siglo para finales del periodo actual, superando incluso la influencia histórica de la Luna.
Actividad humana y eventos geológicos
La investigación también destaca que las infraestructuras masivas tienen la capacidad de alterar el comportamiento planetario. Un ejemplo notable es la Presa de las Tres Gargantas en China; al almacenar 40 kilómetros cúbicos de agua a gran altura, modificó la distribución de masa terrestre lo suficiente para alargar el día en 0,06 microsegundos y desplazar levemente el eje de la Tierra. Asimismo, desastres naturales de gran magnitud, como el terremoto del Océano Índico en 2004, han generado efectos opuestos, acortando el día en 2,68 microsegundos por el movimiento de las placas tectónicas.
Proyecciones a largo plazo y tecnología
A pesar de la relevancia científica de estos hallazgos, la posibilidad de que el día alcance las 25 horas de duración es una perspectiva lejana. Al ritmo actual de desaceleración, se estima que este cambio requeriría aproximadamente 200 millones de años. Por ahora, la preocupación inmediata de los expertos radica en la estabilidad de los sistemas de navegación satelital, los cuales requieren una precisión extrema para funcionar correctamente ante estas variaciones temporales.



