El Comité Autónomo de la Regla Fiscal (CARF) presentó la actualización de su estimación del crecimiento tendencial de la economía colombiana para el período 2026-2037, la cual registró un ajuste al alza. Según el informe, la proyección del Producto Interno Bruto (PIB) tendencial para 2025 se mantiene en 2,5% y se espera que se mantenga alrededor de ese nivel en 2026 y 2027, para luego acelerarse ligeramente hasta un promedio de 2,6% entre 2028 y 2037.
Factores determinantes del crecimiento
De acuerdo con el CARF, en todo el período de proyección el principal factor determinante del crecimiento del PIB tendencial es el capital. En una primera fase, hasta 2030, la contribución del factor trabajo es más importante (del orden de 0,5 a 0,7 puntos porcentuales por año), mientras que el capital va aumentando su aporte desde niveles históricamente bajos, en medio de elevadas tasas de interés real. A partir de 2030, esta dinámica se reconfigura: el aporte del mercado laboral se modera gradualmente, en línea con el agotamiento paulatino del dividendo demográfico, y se estabiliza en niveles cercanos a 0,3 puntos porcentuales.
En contraste, el capital gana protagonismo como motor del crecimiento tendencial, impulsado por la recuperación progresiva de la tasa de inversión. Esta trayectoria es consistente con un escenario de normalización de las tasas de interés reales, que reduce el costo del capital y favorece la acumulación en el mediano plazo. El CARF agregó que el aporte de la productividad total de los factores permanecería constante en niveles moderados a lo largo del período de proyección.
Riesgos asociados a la estimación
El estudio también señaló que la estimación del PIB tendencial está sujeta a un conjunto de riesgos, tanto a la baja como al alza, asociados a la evolución de sus principales determinantes. Por el lado bajista, tasas de interés reales mayores a las previstas, aumentos en los impuestos al capital o en los precios relativos de los bienes de capital serían consistentes con una recuperación más lenta de la inversión. Asimismo, existe incertidumbre sobre la evolución de la productividad total de los factores, cuyo crecimiento podría alinearse con promedios históricos más bajos —incluso negativos en algunas ventanas—, reduciendo el crecimiento tendencial.
Adicionalmente, una tasa de depreciación mayor a la asumida o una utilización estructural de la capacidad instalada inferior a la estimada podrían reducir el aporte efectivo del capital al crecimiento. Por el lado alcista, aumentos en la tasa global de participación femenina podría incrementar el dinamismo del factor trabajo con efectos positivos en el crecimiento del PIB tendencial. En particular, la reducción sostenida de la tasa de fecundidad podría traducirse en mayores tasas de participación laboral femenina, como sugieren estudios del Banco de la República. Según el DANE, la proporción de población de 0 años se reduciría de 718.000 a 655.000 en 2030 y a 567.000 en 2037, lo que podría incrementar la tasa global de participación.
No obstante, este canal está sujeto a incertidumbre, ya que la menor carga de cuidado infantil podría verse compensada por una mayor demanda de cuidado de adultos mayores, limitando el aumento neto en la participación. El CARF también destacó la alta incertidumbre sobre la dinámica futura de la tasa de desempleo estructural. Por un lado, si el favorable desempeño de la tasa de desempleo en los últimos años prueba ser persistente, el CARF podría revisar a la baja la estimación de la NAIRU, lo que derivaría en un mayor crecimiento del PIB tendencial. Por otro lado, el aumento en los costos de contratación formal —tanto por la reforma laboral como por la secuencia de aumentos importantes en el salario mínimo real— podrían incrementar la NAIRU en los próximos años o limitar el aporte del factor trabajo al PIB de mediano plazo.
En particular, el encarecimiento de las horas extra y recargos podría incentivar esquemas de contratación con más trabajadores y menos horas por persona, reduciendo la tasa de desempleo sin que eso necesariamente se traduzca en un mayor aporte a la producción tendencial. Esto es relevante en un contexto en el que las horas promedio por ocupado asalariado han mostrado una tendencia descendente en los últimos años, pasando de 46,1 horas en 2022 a 45,3 en 2023 y 44,4 en 2024, una caída promedio de 1,9%.



