Bocadillo Veleño Nativo: Un dulce tradicional que ahora siembra árboles en Santander
Bocadillo Veleño Nativo: dulce tradicional siembra árboles en Santander

Bocadillo Veleño Nativo: Un dulce tradicional que ahora siembra árboles en Santander

Desde la provincia de Vélez, en el corazón de Santander, emerge una propuesta innovadora que entrelaza la rica tradición gastronómica colombiana con un firme compromiso ambiental. El Bocadillo Veleño Nativo transforma el consumo de este emblemático dulce en una acción concreta de restauración ecológica, demostrando que la cultura culinaria puede ser un poderoso motor de conservación.

Un legado dulce con sello de origen

El bocadillo veleño representa mucho más que un simple postre. Es un legado familiar, campesino y cultural que ha endulzado la mesa de los colombianos durante más de dos siglos. En 2017, recibió el reconocimiento oficial de Denominación de Origen Colombiano por parte de la Superintendencia de Industria y Comercio, consolidándose como una insignia del departamento. Su fama traspasa fronteras, llegando a mercados internacionales como Estados Unidos, España, Perú, Reino Unido y Emiratos Árabes Unidos.

La preparación de este manjar parte de la pulpa de guayaba cultivada en la vereda El Uvito, en Vélez, mezclada con azúcar y cocinada al punto exacto que solo los experimentados paileros conocen. Esta conexión profunda con el territorio inspiró la visión ambiental que ahora impulsa el proyecto.

De la tradición a la transformación ambiental

Detrás de esta iniciativa se encuentra un equipo multidisciplinario que reúne productores, gestores turísticos y promotores culturales de la región. Carlos Alberto Duque Gómez, creativo del sector turístico y uno de los impulsores, explica el origen del proyecto: "La idea nace de una reflexión profunda sobre la crisis de la tierra. Entendemos que esta crisis es, en realidad, también la crisis interior del ser humano".

Desde la organización Dulces La Sabrosura y en alianza con Pazapporte Turismo Colombia, surgió la inquietud de cómo un producto tradicional podía aportar soluciones frente a los retos ambientales contemporáneos. "Decidimos leer la naturaleza, comprender sus necesidades y aportar soluciones desde lo que sabemos hacer", afirma Duque.

Un modelo concreto de restauración

La propuesta establece un mecanismo tangible: por cada 2.000 bocadillos veleños producidos, se siembra un árbol nativo. Considerando que la fábrica tiene una capacidad cercana a las 50.000 unidades diarias, esto permitiría plantar aproximadamente 25 árboles cada jornada de trabajo.

La restauración se realizará específicamente en Bosques de Pandora Geoparque, ubicado en El Peñón, Santander. Esta área requiere recuperación ecológica, particularmente de sus bosques kársticos, ecosistemas cruciales para la regulación hídrica, conservación de suelos y biodiversidad regional.

Las especies seleccionadas para la siembra incluyen:

  • Chicalás
  • Encenillos
  • Fucsias
  • Amarillos
  • Siete cueros
  • Eugenias
  • Gaques
  • Robles

Además, el proyecto contempla realizar una jornada oficial de siembra cada 13 de septiembre, creando un ritual anual que refuerce el vínculo entre comunidad, tradición y naturaleza.

Un equipo comprometido con el territorio

La iniciativa cuenta con un equipo diverso y especializado:

  1. Freddy Perdomo: Productor de la fábrica de dulces La Sabrosura
  2. Omar Coronado: Encargado del componente de comunicación y redes sociales
  3. Juan Bautista Ulloa ("El Profe"): Aporta conocimiento sobre restauración de ecosistemas desde Bosques de Pandora Geoparque
  4. Carlos Alberto Duque Gómez: Lidera la concepción creativa del proyecto

"El objetivo es que este proceso se convierta en un ejemplo de cómo un producto tradicional puede ayudar a restaurar la relación entre cultura, gastronomía y naturaleza", señala Duque. Esta visión integradora busca demostrar que el consumo consciente puede generar impactos positivos medibles en el territorio que origina los productos que disfrutamos.

El Bocadillo Veleño Nativo representa así un modelo innovador de economía circular aplicada al sector gastronómico tradicional, donde cada bocado no solo evoca siglos de tradición, sino que también contribuye activamente a la regeneración de los bosques santandereanos.