La flexibilidad para conectar aprendices de técnicos laborales subvencionados con unidades productivas pequeñas o informales es clave para disminuir el flujo de jóvenes que ni estudian ni trabajan, los llamados "ninis". Si se desea que cientos de miles de jóvenes estudien y trabajen, es necesario detenerse en el programa de educación media que otorga simultáneamente el título de bachiller y el certificado de técnico laboral, normalmente del SENA.
Impacto del programa de doble titulación
Según la evaluación de impacto con corte a 2022 realizada por el DNP, Ipsos y UniAndes, ese año el programa concentró el 42 % de la matrícula de educación media, presente en 971 municipios de los 32 departamentos del país. Entre 2015 y 2022, de un total de 1.704.022 estudiantes inscritos en el programa, el 69 % logró certificarse. Esto demuestra que la doble titulación es ya un rasgo importante del sistema educativo colombiano.
Sin embargo, la evaluación también reveló que "el tránsito inmediato hacia el mercado laboral formal es una alternativa poco común por parte de los beneficiarios del programa". De los 842.548 bachilleres certificados como técnicos laborales entre 2016 y 2021, solo el 22,47 % se encontraba registrado en la Planilla Integrada de Liquidación de Aportes (PILA). Incluso, de los egresados en 2021, apenas el 5,7 % estaba en la PILA en 2022. Esto plantea la pregunta: ¿cómo lograr que la doble titulación conecte más con el trabajo? Cabe destacar que esta cuestión no fue abordada en la evaluación.
Propuestas desde el lado de la demanda
Para mejorar la vinculación laboral de los egresados, se proponen varias medidas desde el lado de la demanda laboral:
- Modificar la ley laboral para permitir la vinculación voluntaria de aprendices por parte de empresas u organizaciones con menos de 15 empleados.
- Subvencionar el pago del contrato de aprendizaje, reduciendo los costos para las empresas.
- Disminuir a la mitad los costos que implica tener un aprendiz.
La única salida viable es conectar también la formación técnica con las unidades productivas que operan en la informalidad, mediante una estrategia flexible. Un ejemplo concreto es el técnico de ebanistería del SENA. Este programa solo se ofrece en algunos centros de formación, pero en cientos de municipios existen pequeños talleres de carpintería que se beneficiarían si un estudiante de grado 10 u 11 llegara a aprender de modo práctico y a transferirles conocimientos, como la fabricación de muebles sobre planos o el uso de nuevas herramientas.
Para ello, se requiere flexibilidad del sistema educativo para:
- Tomar la etapa lectiva o teórica de forma remota.
- Realizar la formación práctica presencial con supervisión remota.
- Proveer la ARL al aprendiz.
- Simplificar los requisitos de la unidad productiva para firmar el contrato de aprendizaje.
Si a un propietario y maestro carpintero se le plantea que un aprendiz puede ayudarlo dos o tres medias jornadas a la semana en tareas concretas que eleven su productividad e ingresos, y que a él no le costará más de lo que ya paga a un ayudante porque el Estado completará la remuneración del aprendiz, es probable que acepte la propuesta.
Propuestas desde el lado de la oferta
En el ámbito de la oferta educativa, se plantean tres acciones a nivel meso:
- Diversificación de la oferta con demanda: Los estudiantes que opten por la modalidad técnica en la educación media no deben ser inscritos forzosamente en programas técnicos laborales que no acrediten tener demanda suficiente para la formación práctica. En 2022, el 62,7 % de las instituciones educativas ofrecía solo un programa técnico, y el 22,3 % ofrecía dos. Una variante podría ser que, si en un municipio una institución ETDH o IES con técnica profesional privada acredita un programa con demanda y el SENA no lo tiene, el SENA puede pagar la matrícula a los interesados, en lugar de obligar a los estudiantes a perder tiempo en programas sin demanda. Se necesita un poco más de competencia.
- Alineación con la Clasificación Única de Ocupaciones para Colombia (CUOC): Los programas técnicos laborales deben estar claramente alineados con la CUOC, que actualmente cuenta con 680 ocupaciones, y con las competencias del Marco Nacional de Cualificaciones.
- Evaluación de competencias: Los bachilleres con doble titulación deben presentar un Saber TyT de competencias generales y específicas, tal como ocurre con los niveles técnico profesional y tecnológico de educación superior.
Ninguna de estas medidas se aplica hoy, porque sería necesario tomarse en serio el presente y el futuro de los adolescentes y jóvenes, y quizás incomodarse o pellizcarse un poco. Esta es la entrega 2 de la serie "Del desprecio al rescate de la educación técnica laboral", por Daniel Mera Villamizar.



