Vestirse bien puede ser uno de los grandes placeres de la vida. Es un ritual humano compartido, una forma de expresarse y una señal de respeto. Ayuda a marcar el paso del tiempo y a distinguir unos momentos de otros. Es una expresión externa de estados psicológicos y emocionales internos. Es un mensaje para quienes te rodean.
¿Qué es la cognición vestida?
No es que esté especulando ni exagerando la importancia de la ropa porque sea crítica de moda. Es algo real, conocido como cognición vestida, y eso es lo que tú intuyes que se ha perdido. Un término acuñado en 2012 en la revista The Journal of Experimental Social Psychology por Hajo Adam y Adam D. Galinsky, la cognición vestida se refiere a “la influencia sistemática que la ropa ejerce sobre los procesos psicológicos de quien la usa”. Básicamente, el artículo planteaba que la experiencia física de usar ropa, cuando se combina con su significado simbólico, afecta la forma en la que pensamos sobre nosotros mismos y sobre los demás.
Esa hipótesis se demostró mediante un experimento en el que se utilizaron batas blancas de laboratorio. Cuando las personas, como los médicos, se las ponían, tendían a prestar más atención a lo que estaban haciendo. El simple hecho de ponerse la bata cambiaba su comportamiento.
La magia de vestirse en la vida cotidiana
Por eso los cuentos de hadas casi siempre recurren a la magia, en sentido literal, de vestirse. Por eso la gente acostumbraba arreglarse para ir al teatro, a cenar, a viajar, a entrevistas de trabajo, a la iglesia, a cócteles o a fiestas. Por eso, cuando trabajo en casa, me pongo zapatos para decirme a mí misma que es hora de concentrarme.
Pero, como dices, aunque seguimos arreglándonos para los grandes rituales de la vida, cada vez es más grande la sensación de que los eventos cotidianos se consideran… bueno, que no valen la pena.
El dilema moderno: ¿arreglarse o no?
En algún punto entre la declaración de independencia del traje de Silicon Valley y el auge de la moda deportiva casual, arreglarse se ha confundido con vestirse con atuendos caros, incómodos y (lo que es peor) según convenciones sociales anticuadas. Hacerlo se veía como algo que se suponía que debías hacer, en lugar de algo que pudieras elegir hacer, y rechazar esas convenciones se consideraba un avance.
Sin embargo, lo que está pasando en realidad es que estamos enviando señales contradictorias. Eso no significa que debamos volver corriendo a la seguridad de los códigos de vestimenta anticuados. A estas alturas, esos ya han desaparecido definitivamente. Pero sí significa que tenemos que replantearnos qué significa realmente “arreglarse”, y eso tiene menos que ver con cualquier definición social generalizada que con un simple estado de ánimo. O al menos eso es lo que descubrí cuando empecé a preguntar por ahí.
Voces de expertos: ¿qué es arreglarse hoy?
“Para mí, arreglarse es una cuestión de intención”, dijo el diseñador Joseph Altuzarra. “Tiene que ver con el acto de vestirse con un propósito y con cuidado, con la decisión consciente de encarnar una versión concreta de ti mismo”. Ikram Goldman, la dueña de la tienda Ikram de Chicago, respondió más o menos lo mismo. Arreglarse, dijo, consiste en “lucir un aspecto impecable”, aunque ese concepto depende en gran medida de la mente y la percepción de cada uno.
La definición de “impecable” según Goldman: “Nunca llevar pantalones de mezclilla; nada de chanclas; el pelo, las uñas y el maquillaje arreglados”. Para Altuzarra, puedes ir elegante con “unos pantalones de mezclilla que te queden a la perfección y una camiseta blanca impecable”, siempre y cuando se haga hincapié en que “te queden a la perfección” y en que la camiseta esté “impecable”.
Por su parte, Law Roach, productor ejecutivo de Project Runway y asesor de imagen de Zendaya, dijo que se siente elegante cuando lleva “pantalones de mezclilla sujetados con un pañuelo de Hermès a modo de cinturón” o uno de esos “trajes vintage de Armani de la década de 1980 que compro en una tiendita en Brooklyn”.
La clave: sentirse especial
La clave, dijo, “es ponerte algo que te haga sentir especial”. Algo que implique un cierto grado de cuidado y consideración. Algo que le indique a tu cerebro, como dirían Adam y Galinsky, que lo que está a punto de pasar vale la pena esperarlo —y que desencadene esa descarga de dopamina que se produce cuando te das cuenta, como dijo Roach, de que “tener un lugar adonde ir es un lujo más que nunca”.
*Vanessa Friedman ha sido la directora de moda y la crítica jefe de moda del Times desde 2014.



