Mujeres víctimas de violencia sexual en Colombia: claves para su recuperación
Mujeres víctimas de violencia sexual: claves para su recuperación

En Colombia, el conflicto armado ha afectado de manera particular a las mujeres, quienes han sufrido violencia sexual como forma de dominación y deshumanización. Más allá de las consecuencias físicas y jurídicas, persisten huellas psicológicas profundas. La Corporación Vínculos, con 23 años de experiencia acompañando a víctimas, ha sistematizado sus prácticas en el libro Entrelazando saberes: acompañamiento a las víctimas de violencia sexual, que busca servir como guía para profesionales y lideresas.

Fallos institucionales y cifras alarmantes

Valentina Gómez Vargas, profesional de incidencia de la Corporación Vínculos, afirmó: “Evidenciamos muchas fallas institucionales en la atención a víctimas de violencia sexual. Existe una capacidad institucional limitada frente a la enorme demanda de acompañamiento psicosocial”. El Registro Único de Víctimas incluye a 10.151.491 personas afectadas por el conflicto, de las cuales 49.741 fueron víctimas de delitos contra la libertad sexual. Entre 2020 y 2025, se incorporaron 12.062 mujeres víctimas de violencia sexual, pero solo 110 recibieron indemnización (0,91%). La impunidad supera el 97% y apenas el 18% denuncia, según Sisma Mujer.

El enfoque de Vínculos: reconocer a la mujer como experta

El acompañamiento parte de la premisa de que cada mujer es la principal conocedora de su historia. “Las personas desarrollan estrategias para seguir adelante: resiliencia, resistencia o formas de afrontamiento. Reconocer eso pone a las terapeutas en una posición de humildad”, explicó Gómez Vargas. Karen Suárez, psicóloga y coordinadora regional, señaló que las categorías de la investigación surgieron de los relatos de las profesionales y las mujeres acompañadas, no de la teoría previa. Destacó la importancia de la relación terapéutica basada en confianza, horizontalidad y cuidado ético.

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La culpa y la revictimización institucional

Muchas mujeres llegan cargando culpa, reforzada por experiencias negativas en instituciones estatales. Gina Marcela Fontalvo, psicóloga de Vínculos, indicó: “Muchas personas no tienen enfoque de género ni comprensión sobre la violencia sexual en el conflicto. Las mujeres se sienten juzgadas, maltratadas o no creídas”. Himelda Ariza, lideresa social del Meta y beneficiaria del proceso, recordó: “Me sentía culpable hasta que en Vínculos me hicieron entender que no tenemos la culpa”. Suárez añadió: “El cambio cognitivo ocurre cuando las mujeres comprenden que la violencia no fue por sus decisiones, sino por una intención de generar daño”.

“Iluminar la vida”: una práctica transformadora

El libro identifica 19 buenas prácticas, entre ellas “iluminar la vida de las mujeres”, que busca ir más allá del trauma para reconocer aspectos de la identidad, vínculos y sueños opacados por la violencia. Fontalvo explicó que implica una “doble escucha”: atender el dolor y también las fortalezas que emergen en los relatos. Las herramientas más valoradas son las estrategias de regulación emocional y autocuidado, como aprender a respirar y relajarse. El objetivo no es borrar el pasado, sino que las mujeres construyan nuevas formas de relacionarse con él, entendiendo que la violencia no define su totalidad.

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