El Consejo de Derechos Humanos (CDH) de la ONU adoptó una resolución calificada como “histórica” al reconocer por primera vez que las enfermedades tropicales desatendidas (ETD) no son solo un problema de salud, sino también una cuestión de derechos humanos. La resolución, aprobada por consenso sin oposición de ningún país miembro, fue impulsada por seis naciones africanas: Malawi, Burkina Faso, Gambia, Kenia, Marruecos y Tanzania, donde estas enfermedades representan una alta carga para la salud pública.
¿Qué son las enfermedades tropicales desatendidas?
Las ETD incluyen patologías como el dengue, la enfermedad de Chagas, la leishmaniasis, la lepra, la filariasis linfática y el micetoma. Afectan a más de mil millones de personas en el mundo, principalmente en regiones tropicales y subtropicales de América del Sur y África. En Colombia, varias de estas enfermedades están presentes en áreas con altos niveles de pobreza, difícil acceso a servicios de salud y condiciones precarias de agua potable y saneamiento.
Estas enfermedades reciben el nombre de “desatendidas” porque, pese a su enorme impacto, han recibido históricamente menos inversión en investigación, desarrollo de medicamentos, diagnósticos y programas de control en comparación con otras enfermedades. Se concentran en poblaciones rurales, indígenas y comunidades de bajos ingresos, lo que las mantiene fuera de las prioridades sanitarias globales.
Un enfoque de derechos humanos
Daniel Ngamije Madandi, director del Departamento de Malaria y Enfermedades Tropicales Desatendidas de la Organización Mundial de la Salud (OMS), declaró: “Acogemos con beneplácito esta resolución, que subraya que las enfermedades tropicales desatendidas no pueden considerarse únicamente un problema médico. Estamos dispuestos a colaborar con todos los gobiernos pertinentes, el Consejo de Derechos Humanos y la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos para identificar medidas concretas y apoyar su implementación”.
La resolución parte de la idea central de que estas enfermedades no aparecen solo por la presencia de un patógeno, sino que están relacionadas con las condiciones de vida de las personas. Identifica como factores clave la falta de acceso a agua potable, saneamiento, vivienda, educación e información, además del impacto del cambio climático, los desastres naturales y los conflictos que obligan a millones de personas a desplazarse.
Impacto desproporcionado en grupos vulnerables
Peggy Hicks, directora de Procedimientos Temáticos y Especiales de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH), señaló: “Un enfoque basado en los derechos humanos puede fortalecer las respuestas a las enfermedades tropicales desatendidas al garantizar que las políticas y los programas se rijan por la igualdad, la no discriminación, la participación y la rendición de cuentas. Esto contribuye a que los esfuerzos de salud pública lleguen a las personas más afectadas por la pobreza, el estigma, la discriminación y la exclusión”.
La resolución reconoce que el impacto de estas enfermedades no es igual para todos. Algunas afectan de manera desproporcionada a mujeres y niñas, así como a comunidades aisladas, marginadas o en constante movilidad. Por ello, pide recopilar y analizar datos más detallados para identificar qué grupos soportan la mayor carga y diseñar respuestas más efectivas.
Medidas concretas y próximos pasos
El documento hace un llamado a los Estados para reforzar sus esfuerzos contra estas enfermedades mediante apoyo técnico y financiero suficiente y sostenido. Plantea la necesidad de proteger los servicios de salud que las atienden frente a futuras emergencias y de adoptar un enfoque basado en derechos humanos que tenga en cuenta barreras como la discriminación o la exclusión.
Como siguiente paso, la resolución encarga a la ACNUDH elaborar, en consulta con la OMS y otras entidades, un informe sobre las implicaciones de estas enfermedades para los derechos humanos. El documento será presentado en 2027 y deberá proponer medidas concretas para que los países incorporen este enfoque en sus políticas de prevención, atención y control.
La decisión amplía una línea de trabajo que el Consejo venía desarrollando desde hace años sobre la discriminación que enfrentan las personas con lepra. Ahora, ese enfoque se extiende al conjunto de las ETD, reconociendo que combatir el estigma y la exclusión es tan importante como prevenir y tratar las enfermedades.
Reacciones internacionales
La aprobación fue celebrada por organizaciones internacionales dedicadas a la lucha contra estas patologías, como Uniting to Combat Neglected Tropical Diseases y la Fundación Anesvad, que consideran que la resolución representa un paso importante para situar estas enfermedades en la agenda mundial de los derechos humanos.



