El acuerdo marco entre Estados Unidos e Irán allana el camino para poner fin a los brotes de violencia y a las devastadoras interrupciones en el suministro energético y el comercio en el golfo Pérsico. Sin embargo, según un análisis de Patricia Cohen para The New York Times, no cabe esperar que las economías de todo el mundo simplemente retomen su actividad donde la dejaron antes de que Estados Unidos e Israel comenzaran a bombardear Irán el 28 de febrero.
La guerra ha puesto en marcha cambios que serán difíciles de revertir
El conflicto ha provocado una reconfiguración del orden energético mundial. El colapso casi total de los flujos de petróleo a través del estrecho de Ormuz, una vía marítima clave por la que transita aproximadamente el 20% del crudo global, ha obligado a los países a buscar rutas alternativas y a acelerar la transición hacia fuentes de energía renovable.
Según datos de la Agencia Internacional de Energía, los precios del petróleo alcanzaron un pico de 145 dólares por barril durante el conflicto, un nivel no visto desde 2008. Aunque han descendido tras el anuncio del acuerdo, se mantienen por encima de los 90 dólares, muy por encima del promedio de 70 dólares previo a la guerra.
Repercusiones en el comercio global
El comercio marítimo en la región del golfo Pérsico se redujo en un 40% durante los bombardeos, según la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo. Las aseguradoras navieras triplicaron las primas para los buques que transitan por la zona, y muchas navieras optaron por desviar sus rutas a través del cabo de Buena Esperanza, incrementando los costos logísticos en un 25%.
"El estrecho de Ormuz nunca volverá a ser el mismo", afirmó un analista del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales citado por Cohen. "La confianza en la seguridad de esa ruta se ha roto, y los países buscan diversificar sus fuentes de suministro".
Impacto en las economías emergentes
Los países en desarrollo, especialmente en Asia y África, han sido los más afectados. India, que importa el 80% de su petróleo, vio su déficit comercial dispararse un 15% durante el conflicto. Pakistán y Bangladesh enfrentaron apagones programados debido a la escasez de combustible. "La guerra ha acelerado la recesión global que muchos economistas temían", señala Cohen.
El Fondo Monetario Internacional ya ha rebajado sus proyecciones de crecimiento para 2025 del 3.2% al 2.8%, citando la incertidumbre geopolítica y los altos precios de la energía.
El papel de las energías renovables
Una de las consecuencias más duraderas podría ser el impulso a las energías limpias. La Unión Europea, que dependía del gas iraní para el 10% de su consumo, ha acelerado sus planes de inversión en energía solar y eólica. Alemania anunció un paquete de 50.000 millones de euros para infraestructura renovable, mientras que Japón reinició varios reactores nucleares que estaban apagados desde Fukushima.
"La crisis del golfo Pérsico ha sido un catalizador para la transición energética", afirma Fatih Birol, director ejecutivo de la AIE, en declaraciones recogidas por el Times. "Pero los efectos completos tardarán años en materializarse".
Conclusión: un nuevo orden económico
El acuerdo marco entre Estados Unidos e Irán representa un paso importante hacia la estabilización de la región, pero la economía global ya ha cambiado. Las cadenas de suministro se han reconfigurado, los precios de la energía se han estabilizado en un nivel más alto y la confianza en las rutas comerciales tradicionales se ha erosionado. Como concluye Cohen, "el mundo no puede simplemente retroceder; debe adaptarse a una nueva realidad".



