La primera ministra de Japón, Sanae Takaichi, dio a conocer una ambiciosa hoja de ruta económica que contempla una inversión total de más de 370 billones de yenes (aproximadamente US$2,3 billones) durante los próximos 14 años, hasta marzo de 2041. El plan, presentado tras una reunión del panel asesor de políticas, prioriza sectores estratégicos como la inteligencia artificial (IA), los semiconductores, la defensa, el espacio y la construcción naval.
Inversión masiva en IA y semiconductores
Del total, 101,6 billones de yenes (US$631.000 millones) se destinarán exclusivamente a inteligencia artificial y chips. La mayor parte de estos fondos se dirigirá a semiconductores, considerados el núcleo de los sistemas inteligentes físicos, y a la IA vertical, diseñada para sectores específicos. Según los documentos oficiales, esta inversión busca aliviar los cuellos de botella en la cadena de suministro y mitigar la escasez estructural de mano de obra en un país con una población envejecida.
Efectos económicos esperados
El plan proyecta que la inversión en semiconductores generará 443 billones de yenes (US$2,75 billones) en efectos económicos indirectos para el año fiscal 2040. Por su parte, la inversión en IA física e IA vertical producirá 144 billones de yenes (US$894.000 millones) y 222 billones de yenes (US$1,38 billones), respectivamente. La combinación de inversión pública y privada será clave: se estima que el gobierno aportará algo menos de la mitad si la inflación se mantiene en línea con las expectativas.
Antecedentes y contexto
Este plan se enmarca en los esfuerzos continuos de Japón por revitalizar su industria de semiconductores. Desde la publicación de una nueva estrategia en 2021, el gobierno ha destinado aproximadamente 7,2 billones de yenes (US$44.700 millones) a semiconductores e inteligencia artificial, según el Ministerio de Industria. De ese total, unos 2,6 billones de yenes (US$16.100 millones) se han asignado a la empresa estatal Rapidus Corp.
Proyecciones fiscales y escenarios
El gobierno también publicó proyecciones económicas y fiscales a largo plazo bajo tres escenarios. En el más optimista, donde la estrategia se implementa según lo previsto, se espera que la relación deuda/PIB disminuya de manera constante, incluso con una inversión real de 10 billones de yenes anuales (US$62.100 millones). En los otros dos escenarios —con incertidumbres tecnológicas o persistencia de tendencias actuales— la proporción podría aumentar durante la década de 2030. Los tres escenarios asumen una inflación estabilizada en torno al 2%.
Reacción de los mercados
La agenda económica de Takaichi ha generado reacciones mixtas. En el mercado bursátil, el impulso a la inversión a gran escala ayudó al Nikkei 225 a superar brevemente los 70.000 puntos por primera vez este mes. Sin embargo, la preocupación por la sostenibilidad fiscal contribuyó a que los rendimientos de los bonos del gobierno japonés a muy largo plazo alcanzaran máximos de varias décadas a principios de este año. El gobierno ha reorientado su estrategia fiscal hacia la reducción de la relación deuda/PIB, abandonando el objetivo de saldo primario que guió la política durante más de dos décadas.



