La Organización de los Estados Americanos (OEA) atraviesa una crisis de relevancia en un contexto geopolítico cambiante, marcado por el bilateralismo de la administración Trump y el auge de potencias como China. Fundada en 1948, el organismo multilateral ha sido cuestionado por su inacción ante conflictos regionales y su dependencia de Estados Unidos, su principal sostén económico y país anfitrión.
Un legado de divisiones
“La OEA ha servido más para dividir que para unir a los países americanos”, afirmó el canciller canadiense Mitchell Sharp en los años setenta, cuando Canadá aún no era miembro (ingresó en 1990). Esta crítica resuena hoy, mientras la organización celebra sus 80 años en medio de tensiones internas y externas. Durante la Asamblea General en Panamá, en la última semana de junio, Estados Unidos intentó cambiar la agenda, pero la declaración final reafirmó la defensa del multilateralismo. La secretaria general adjunta, Laura Gil, reconoció: “La importancia del multilateralismo no solo debemos declararla, sino también demostrarla. Eso implica no jugar al avestruz, sino confrontar las críticas y corregir con espíritu constructivo”.
Críticas a la gestión actual
Carlos Sánchez Berzaín, director del Interamerican Institute for Democracy en Washington, califica a la OEA como “una organización intrascendente” que ha perdido capacidad para dirigir temas fundamentales, especialmente en democracia. Cuestiona al secretario general Albert Ramdin por no calificar como dictaduras a los regímenes de Venezuela, Cuba y Nicaragua, a diferencia de su antecesor Luis Almagro. “La OEA debería recuperar su papel de promover y defender la democracia. Mientras eso no sea claro, tendremos una OEA intrascendente y Estados Unidos formará otros bloques, como el Escudo de las Américas”, argumenta.
Juliano Cortinhas, profesor de la Universidad de Brasilia, coincide: “La OEA fue un instrumento para mantener la presencia de EE.UU. en Latinoamérica, no una institución verdaderamente multilateral. Para que tenga futuro, EE.UU. debería cambiar su forma de mirar el continente”.
Trump y el bilateralismo
La administración Trump prioriza las relaciones bilaterales sobre la OEA, estrategia favorecida por triunfos electorales de líderes afines en Perú, Colombia, El Salvador, Argentina, Chile y Ecuador. Sánchez Berzaín no ve a Trump como un factor puntual anti-OEA, sino como parte de una estrategia de seguridad nacional que reafirma a Latinoamérica como esfera de influencia estadounidense.
Voces optimistas
Guadalupe González Chávez, académica mexicana, defiende la gestión de Ramdin: “Ha estado en varios países del Caribe y América Latina, dando énfasis a Haití, afrodescendencia, pueblos indígenas y migración”. Reconoce tensiones en derechos humanos, pero minimiza las divisiones ideológicas: “En el último año ha habido más consensos que en periodos anteriores. Ningún país quiere salirse; todos quieren impulsar sus agendas”.
Adaptarse o perecer
Ramdin, fortalecido tras la Asamblea en Panamá, declaró: “La reforma es necesaria, no para desmantelar el sistema, sino para adaptarlo”. Sin especificar los ajustes, la OEA busca sobrevivir en un siglo XXI reacio a los organismos multilaterales, mientras enfrenta desafíos como la crisis democrática regional y la emergencia de China.



