El grupo mexicano de rescatistas voluntarios conocido como Los Topos llegó a Venezuela tras el doble terremoto que sacudió al país. Su misión: apoyar las labores de búsqueda y rescate entre las estructuras afectadas. Con uniformes naranjas adornados con las banderas de las naciones donde han trabajado, estos héroes sin capa representan la esperanza en medio de la tragedia.
Origen de una misión de vida
La historia de Los Topos nació en el caos del terremoto de 1985 en Ciudad de México, una tragedia que los impulsó a organizarse para ayudar a quienes quedaron atrapados bajo los escombros. Desde entonces, han recorrido distintos rincones del mundo afectados por desastres naturales, desde terremotos hasta inundaciones, con la única misión de encontrar vida.
“Independientemente de cualquier diferencia política o de cualquier tipo, somos hermanos y debemos darnos la mano todos los latinoamericanos, porque esto es una gran desgracia”, asegura Héctor “El Chino” Méndez, director de la organización, de 80 años.
Cuatro décadas de servicio
Méndez acumula cuatro décadas como rescatista voluntario. Sus canas, dice, no representan edad, sino experiencia. Durante estos años ha participado en cerca de un centenar de misiones en diferentes continentes. “Siempre tocamos puertas y se abren las que tienen que abrirse. Si alguien no nos ayuda, seguimos adelante porque sabemos que viene algo más importante: ayudar”, afirma.
Para él, esta labor se convirtió en una misión de vida que también implica riesgos personales. Su familia, asegura, entiende el compromiso que asumió hace décadas. “Mi familia sabe que acepté esta misión de vida y que puedo morir cualquier rato, pero también sabe que esto es lo que decidí hacer”, relata.
Más de mil vidas rescatadas
A Los Topos se les atribuye el rescate de más de mil personas durante sus años de trabajo. En más de 40 años de operaciones, aseguran que ninguno de sus compañeros ha muerto durante una misión. En Venezuela participaron en las labores de búsqueda en el edificio Petunia, en Chacao, una de las estructuras afectadas por el sismo, donde fueron recuperados varios cuerpos.
Aunque muchas veces el resultado no es encontrar sobrevivientes, los rescatistas mantienen el mismo propósito: acompañar a las familias y dar respuestas. “Es difícil dejar a la familia, el trabajo y la rutina, pero lo hacemos con gusto y con pasión. Nos une el dolor de quienes esperan noticias de un ser querido”, explicó Miguel Jiménez, otro de los integrantes del grupo de rescate.
Para ellos, la mayor recompensa no son los reconocimientos, sino cada señal que confirme que detrás de los escombros todavía puede existir una oportunidad.



