Tragedia en La Guaira: familias temen perder a sus seres queridos en el caos de las morgues
Tragedia en La Guaira: familias temen perder cuerpos en morgues

Víctor Colivert, de 36 años, afirma que se iría "a China, a donde sea, pero no lo dejo solo" al referirse al cuerpo de su sobrino Greidy, de 16 años, recuperado tras los terremotos que azotaron Venezuela el 24 de junio. El joven quedó atrapado bajo una viga en las ruinas de un complejo habitacional en La Guaira, estado vecino de Caracas. Los sismos, de magnitud 7,2 y 7,5, han dejado casi 3.000 muertos, según cifras oficiales.

El drama de los Colivert

La hermana de Víctor, Grecia, su esposo y sus dos hijos, Oswall de 13 años y Greidy de 16, vivían en las torres de 12 pisos conocidas como OPP (Obras del Poder Popular) 26 y 27, parte del programa estrella de vivienda de la era de Hugo Chávez. El cuerpo de Oswall fue extraído primero y permaneció horas en una bolsa negra junto a sus familiares, quienes impedían a los forenses retirarlo por miedo a no encontrarlo luego. El cuerpo de Grecia, localizado el jueves, fue llevado por su padre a cremar a Caracas, mientras Víctor aguardaba los restos de sus sobrinos y de su cuñado.

Promesas oficiales y desconfianza

La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, aseguró que todos los cuerpos serán identificados. "Nadie va a fosa común", declaró el jueves. Explicó que los forenses toman las huellas dactilares de los fallecidos, así como fotografías, y elaboran un expediente de cada ingreso a las morgues. Sin embargo, Miguel Ángel Colivert, tío de Víctor, perdió la confianza tras hallar el cuerpo de su sobrina. "Yo tenía mucha esperanza con mi familia, yo soy cristiano", dijo.

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Voluntarios y rescates en medio del dolor

Cientos de voluntarios trabajan sobre montañas de escombros del complejo, construido hace unos 13 años. Con taladros y pinzas, militares mexicanos intentaban extraer el cadáver de Greidy. Un sacerdote mexicano ofrece oraciones con una Biblia en mano donde se encuentran los cadáveres. Celida Sequera, voluntaria de 43 años, describe la escena como "una película de terror, nos salvamos de la guerra, pero no de la naturaleza". Ella lleva ocho días acompañando a un amigo que perdió a su esposa y sus tres hijos de seis, 10 y 12 años, quienes dormían cuando un muro les cayó encima. "Como todo quedó devastado no se localizaban, pero ya hoy dimos con ellos", contó.

El olor a muerte y la desolación

Voluntarios y familiares descansan bajo mantas atadas a palos clavados en los escombros, que emanan un fuerte olor a muerte. Una bandera de Venezuela manchada de lodo ondea con la brisa del mar Caribe. Entre las placas de hormigón asoman un colchón ennegrecido, una bicicleta retorcida, un sofá aplastado y juguetes. Una mujer, al ver todo, se hinca y grita entre sollozos: "¡Me duele el alma!".

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