El 31 de mayo, a las 5 de la tarde, en un grupo de WhatsApp de profesoras de la Universidad Nacional, una colega preguntó con frustración: ¿Por qué desapareció el centro en Colombia? En los días siguientes, conversé con mi hija Libertad para entender cómo, en 2014, un candidato de centro como Antanas Mockus era relevante y, desde 2018, el progresismo se convirtió en la primera fuerza política. Llegamos a la conclusión de que es crucial hablar de esto antes de las elecciones del 21 de junio, cuando Colombia se debate entre la extrema derecha y el progresismo. La conclusión principal es que el progresismo colombiano, pese a la estigmatización mediática, es una fuerza moderada de centro-izquierda, que la gente ha preferido por poner los derechos básicos como universales.
Contexto histórico
Durante la segunda mitad del siglo XX, los partidos Liberal y Conservador hicieron alianzas que excluyeron a otras fuerzas políticas. En el siglo XXI, el aumento de partidos permitió que el progresismo ganara fuerza, pero la estigmatización de la izquierda, basada en ideales del siglo XX, ha hecho creer que es extrema izquierda. Queremos demostrar que el progresismo colombiano es centro-izquierda moderado. Las reformas recientes —jornada laboral de 8 horas, pago de dominicales, reforma agraria, educación gratuita universal— son logros sociales que Europa y otros países alcanzaron en el siglo XIX.
Definiciones políticas
Libertad explica las tres categorías:
- Extrema izquierda: Se opone al capitalismo, busca redistribución radical mediante expropiación y a veces duda de la democracia.
- Centro-izquierda (progresismo): Acepta el capitalismo y el libre mercado, pero con regulación estatal para reducir la pobreza y la desigualdad. Usa impuestos progresivos para financiar políticas sociales. Es socialdemócrata y busca fortalecer el Estado de bienestar.
- Centro: Reconoce las desigualdades, pero prioriza los intereses privados y la intervención estatal moderada. Se enfoca en erradicar la pobreza extrema, no en generar derechos universales.
Logros del progresismo en los últimos cuatro años
Alejandra destaca que, pese a los temores de expropiación y estatización, el progresismo de Iván Cepeda ha mantenido el libre mercado, ha comprado tierras para la reforma agraria (la mayor entrega de tierras de la historia), no ha estatizado empresas y ha sacado a millones de la pobreza. La democracia ha funcionado con normalidad y las instituciones han sido respetadas.
Libertad señala que las reformas que dignifican la vida son vistas por algunos como subsidios innecesarios, pero esas mismas personas disfrutan de servicios públicos universales en Europa. Es incomprensible que no quieran lo mismo para Colombia.
Propuestas para un nuevo gobierno progresista
Seguridad
Libertad critica la visión tradicional de seguridad como control militar. La violencia no se acaba con más violencia. La falta de presencia estatal en los territorios es el problema principal, y debe resolverse con expansión del Estado de bienestar: centros educativos, de salud y culturales.
Alejandra apoya la política pluridimensional de Iván Cepeda y Aida Quilcué, que transforma la seguridad en seguridad humana, articulando derechos humanos, oportunidades, fortalecimiento militar e institucional. Es necesario trabajar por todas las regiones y ecosistemas.
Libertad advierte que la mano dura solo ha traído falsos positivos. No se puede repetir la historia con comisiones por capturas, como propone Abelardo de la Espriella.
Educación
Alejandra defiende la educación pública gratuita, el crecimiento de universidades públicas y la creación de nuevas en territorios de frontera. La Universidad Nacional, por ejemplo, amplió su planta profesoral por primera vez desde 1989. Se debe repensar la admisión para hacerla más democrática.
Urge un diálogo nacional con universidades privadas para que los jóvenes menos favorecidos accedan a educación superior a precios bajos, como el modelo de pago según renta familiar. También es necesario reformar el Icetex para evitar deudas exorbitantes.
Participación ciudadana
La candidatura de Iván Cepeda y Aida Quilcué promueve asambleas ciudadanas para elaborar reformas y hacer seguimiento al Congreso. Esto, junto con la lucha anticorrupción, permitirá acabar con la transaccionalidad de contratos estatales. La gente exigirá directamente las reformas.
Fórmula vicepresidencial
Libertad defiende a Aida Quilcué, cuestionada por su falta de títulos académicos. La capacidad de gobernar no viene de los títulos, sino de la experiencia de vida y la lucha social. La política debe ser multicultural y descentralizada.
Alejandra añade que existen diversas formas de conocimiento (justicia epistémica). El movimiento indígena de Aida Quilcué creó una universidad de conocimiento propio en el Cauca. Además, su formación política y su labor como senadora la avalan. Que una mujer indígena sea vicepresidenta es un paso hacia la dignidad e inclusión.
Conclusión
Libertad y Alejandra hicieron pública esta conversación porque la decisión del 21 de junio no es de etiquetas, sino de proteger la vida y la soberanía, o volver a un país que crece de espaldas a las mayorías. Con el progresismo no se entrega el país a la radicalidad, sino que se apuesta por la paz, una economía productiva y la ampliación de derechos. En esta segunda etapa, el progresismo tendrá un talante más dialogante y abierto al diálogo nacional.



