El presidente electo, Abelardo de la Espriella, ha adoptado un tono más conciliador tras su victoria en la segunda vuelta electoral, prometiendo gobernar para todos los colombianos, incluidos aquellos que no votaron por él. Este cambio contrasta fuertemente con su campaña, donde recurrió a estigmatizaciones contra opositores y críticos del Gobierno. Aunque el giro es bienvenido, genera cautela, especialmente porque el presidente saliente, Gustavo Petro, hizo una promesa similar al asumir el cargo, pero la abandonó a los pocos meses.
El peso del tono presidencial en Colombia
Colombia es un país presidencialista, donde la voz del mandatario influye en el ánimo nacional y en los debates públicos. Petro llegó al poder con un tono de opositor en redes sociales y gobernó de manera similar, estigmatizando a medios, opositores y empresarios. Acusó al Banco de la República de conspiración y calificó a los empresarios de “vampiros neoliberales”. Sus mensajes fueron amplificados por una red de influenciadores afines al Pacto Histórico, algunos contratados por el Estado. Cuando se le pidió mesura, Petro consideró que era censurado, confundiendo libertad de expresión con el derecho a ofender desde la jefatura del Estado. El resultado es una Colombia fracturada y redes sociales convertidas en campos de batalla ideológicos.
La necesidad de hechos concretos
De la Espriella acierta al reconocer la necesidad de un tono más abierto a reflexiones y consensos, pues su votación refleja que debe ganarse la confianza de millones de colombianos que lo ven con desconfianza. Sin embargo, se requieren más que discursos. El mea culpa debe incluir los errores y abusos de su campaña, como la deshumanización de contrincantes políticos, el debate sobre el verbo “destripar” y las propuestas agresivas de seguridad. Además, las denuncias contra periodistas y el coqueteo con el gobierno estadounidense para castigar opositores generan dudas sobre su compromiso real con el cambio.
La sombra de la hostilidad en redes
Mientras De la Espriella modera su discurso, sus simpatizantes en redes sociales continúan hostigando a opositores y periodistas. Para que el cambio sea creíble, el próximo gobierno debe rechazar estas actitudes. De lo contrario, se corre el riesgo de que la moderación sea solo una fachada, mientras sus aliados ejercen la agresividad en el debate público.
El tono presidencial es clave para la cohesión social. Colombia espera que las palabras de unidad se traduzcan en acciones concretas que reduzcan la polarización y construyan un proyecto común.



