La musa detrás de Beatriz Viterbo
La influencia de Estela Canto en el cuento 'El Aleph' de Jorge Luis Borges es doble: sus rasgos perfilan sutilmente a la protagonista, Beatriz Viterbo, y la dedicatoria, escondida en la última página entre la posdata y notas al pie, reza: 'A Estela Canto'. Sin embargo, su relevancia va más allá de ese vínculo afectivo con Borges. Canto fue autora de novelas notables, como 'El muro de mármol' (1945, Premio Municipal), y una traductora excepcional. Colaboró desde joven en la revista Sur de Victoria Ocampo y en la colección El Séptimo Círculo, dirigida inicialmente por Borges y Bioy Casares, donde tradujo principalmente novelas policiacas. Más tarde, sus traducciones abarcaron desde Johanna Lindsey hasta Marcel Proust, aunque la muerte le impidió completar el séptimo tomo de 'En busca del tiempo perdido'. Por estos méritos, merece un lugar en la historia literaria.
El libro póstumo sobre Borges
Quizá solo sea recordada por Borges a contraluz, gracias a su obra póstuma 'Borges a contraluz', una suerte de biografía ensayística donde repasa su 'amistad' con el escritor. Canto relata: 'Cada mañana, cuando llegaba a casa con una novela de Henry James o de Gustav Meyrink en el bolsillo, tenía la actitud del festejante inoportuno que teme ser rechazado por la señorita cortejada. Esto era irritante. Él tenía 45 años; yo, 28'. Evoca las caminatas nocturnas por Buenos Aires, donde abundaban las conversaciones literarias en inglés; una noche de verano caminaron 50 cuadras al inicio de esa amistad. Casi nunca estaban de acuerdo: Borges intentaba convertirla a Conrad y Stevenson, mientras ella no lograba convencerlo de Tolstói, Dostoievski o Chéjov, y mucho menos de Thomas Mann.
Rasgos de Borges y la sombra de Leonor
Canto destaca atributos del Borges enamorado: la atracción y repudio por los espejos, el desdén por los hechos, las explicaciones y la música clásica, la pasión por los cuchilleros, las milongas y los tangos, además de su agnosticismo y los malentendidos en torno al peronismo. En varios pasajes alude a la imposibilidad de estar a solas con él, pues Leonor, la madre de Borges, siempre vigilaba. Canto ni siquiera podía visitarlo si Leonor no estaba presente. Pero la soledad no habría cambiado nada: 'Sexualmente me era indiferente…, ni siquiera me desagradaba. Gozaba de su conversación, pero su convencionalismo me agobiaba'. Y añade: 'Cuando me apretaba entre sus brazos, yo podía sentir su virilidad, pero nunca fue más allá de unos cuantos besos'. El contacto físico más cercano fueron las tres veces que ella le afeitó la barba. A pesar de ello, Borges se arriesgó una noche: 'Estela…, eh…, ¿te casarías conmigo?'. La respuesta de Canto fue: 'Lo haría con mucho gusto, Georgie. Pero no olvides que soy una discípula de Bernard Shaw. No podemos casarnos si antes no nos acostamos'. Esa frase, según el autor, podría incluirse en cualquier manual de seducción.



