La transición entre gobiernos: insultos y amenazas marcan el cambio de poder
En Colombia se vive una transición tensa entre el gobierno saliente de Gustavo Petro y el entrante de Abelardo de la Espriella, caracterizada por insultos, acusaciones sin pruebas y un empalme inexistente. El analista Francisco Gutiérrez Sanín, en entrevista con Cecilia Orozco, analiza este fenómeno y sus posibles consecuencias para el país.
Gutiérrez recuerda que el Frente Nacional (1958-1974) se firmó para poner fin a la violencia entre liberales y conservadores, y buscaba que los derrotados no se sintieran amenazados. En contraste, la situación actual muestra una escalada retórica peligrosa. Señala que, aunque hubo hostilidad en el episodio Samper-Pastrana, Pastrana nunca amenazó con “destripar” a sus opositores ni al presidente saliente.
¿Renacimiento ideológico o riesgo de violencia?
El Frente Nacional redujo la violencia política pero también limitó la democracia con un reparto excluyente del poder. Gutiérrez considera que el renacimiento de contradicciones ideológicas tiene dos caras: por un lado, evita el aplanamiento de diferencias que cansa a la ciudadanía; por otro, puede envenenar la competencia política con odio. Cita el libro Las Furias de Arno Mayer para ilustrar el peligro de una polarización extrema.
El analista afirma que Colombia experimenta un cambio profundo hacia opciones más ideológicas, en línea con una tendencia global de debilitamiento del centrismo. Sin embargo, advierte que “los insultos y las amenazas deben tomarse muy en serio”. La proliferación de agresiones verbales refleja un espíritu que resume en la fórmula “témanme”.
Riesgo de un nuevo ciclo de violencia
Gutiérrez señala que el país está en una “situación de peligro agudo” debido a la presencia de grupos irregulares y la articulación de odios civiles con materiales explosivos preexistentes. Sobre la suspensión del empalme, opina que es pasajera pero revela que dos fuerzas con electorados imponentes no pueden realizar una transferencia técnica del poder.
En cuanto a la desobediencia civil anunciada por Iván Cepeda, Gutiérrez la considera legítima y democrática, y no ve que ponga al país al borde de un golpe de Estado. “La democracia no consiste en quedarse en casa durmiendo”, afirma. No obstante, subraya que debe tener objetivos claros y evaluables.
Las denuncias de Petro y las acusaciones de De la Espriella
Respecto a las denuncias de Petro sobre manipulación electoral, Gutiérrez dice que “todo depende de la evidencia”. Si el presidente saliente tiene pruebas, tiene la obligación de presentarlas; hasta ahora no lo ha hecho. Califica su actitud como “humanamente comprensible” ante las amenazas que enfrenta, pero critica que formule denuncias sin sustento.
Del otro lado, las acusaciones generalizadas de corrupción por parte del presidente electo y su equipo son, para Gutiérrez, “un campo de juego de la extrema derecha global”. Exige que las denuncias sean específicas y verosímiles; las acusaciones temerarias deben rechazarse con energía.
Amenazas contra Petro y consejo para su futuro
El analista califica como “destructiva” la amenaza del asesor Carlos Alonso Lucio de llevar a Petro a la cárcel o extraditarlo. “No tiene la menor base, deteriora la institucionalidad y generará desestabilización”, dice. Advierte que si la alternancia conduce a atacar al presidente saliente sin límites, nadie querrá aceptarla.
Si Petro le pidiera un consejo, Gutiérrez le sugeriría que defienda su obra de gobierno, que tiene aspectos positivos, y que evite declaraciones adicionales. Además, considera prudente que salga del país dadas las amenazas.
Ultraderecha 2.0: diferencias con el uribismo
Gutiérrez distingue la ultraderecha actual de la de Álvaro Uribe. Mientras Uribe proponía unidad nacional y respeto a la oposición legal, De la Espriella habla de “destripamiento y criminalización de los opositores”. Advierte sobre la retórica de “los nunca”, que aunque tiene elementos contraevidentes, contiene cambios significativos en la construcción del poder político.
En cuanto a las medidas de seguridad anunciadas, como bloques urbanos y flexibilización del porte de armas, Gutiérrez las interpreta como señales de una “gran ofensiva represiva” y la privatización de la seguridad. Compara la propuesta de bloques urbanos con las Convivir, que terminaron vinculadas a grupos paramilitares, y la califica de “absolutamente nefasta”.
Deterioro de derechos y libertad de prensa
El analista prevé un deterioro significativo en derechos, siguiendo un fenómeno global de extremismo de derecha. Menciona el desmonte de derechos de las mujeres en Estados Unidos como ejemplo. Sobre la libertad de prensa, afirma que “para voces críticas, se encogerá en Colombia”, ya sea por medios institucionales o por acoso y miedo.
Finalmente, sobre la amenaza del presidente entrante a 13 periodistas, Gutiérrez la califica de “claramente amenazante”. Concluye que es necesario estar atentos a la evolución del nuevo gobierno para entender cómo se desarrollarán estos fenómenos.



