Futuros sin mapa: la urgencia de rediseñar instituciones en Colombia
Futuros sin mapa: rediseño institucional urgente en Colombia

Analistas 19/06/2026

Futuros sin mapa, decisiones sin brújula

Fredy Vargas Lama, director del Doctorado en Administración, comparte su experiencia en el retiro anual del Global Foresight Network del World Economic Forum en Ginebra. Bryonie Guthrie, directora de la red, cerró la última sesión con una pregunta que aún resuena: ¿cuál es el tema emergente, la tendencia transformadora o la disrupción potencial que los líderes del mundo deberían priorizar hoy en sus agendas?

No fue un ejercicio académico. La pregunta surgió después de más de veinte sesiones de alto nivel con asesores de gobiernos, organismos multilaterales y centros de pensamiento globales sobre los temas más urgentes que definen el futuro de la humanidad. Y la respuesta seguía siendo incómoda.

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Como miembro del Advisory Board del Global Foresight Network del WEF, participo cada año en este retiro, un espacio donde confluyen asesores y tomadores de decisión de alto nivel global con el mandato de pensar lo que los líderes mundiales aún no ven. El tema de este año fue directo: Unconventional Futures for Unconventional Times (Futuros no convencionales para tiempos no convencionales).

Lo que quedó claro, sesión tras sesión, es que el mundo no está convulsionado en uno o dos frentes, sino en todos al mismo tiempo.

Lo primero que emergió con fuerza fue la pregunta sobre la decisión. En una época donde la inteligencia artificial avanza a velocidades que superan la capacidad regulatoria de cualquier Estado, existe una tentación creciente entre los líderes: delegar. Dejar que los sistemas decidan, que los algoritmos recomienden, que la máquina procese lo que el tiempo no alcanza. El consenso desde la ciencia, la evidencia y la política pública fue categórico: no podemos hacerlo. Decidir es un acto político y ético, el ejercicio más humano del poder. Delegarlo no es eficiencia, es abdicación.

Pero hay algo más profundo: la pregunta sobre con qué se decide. El segundo gran tema del retiro fue que nuestras instituciones fueron diseñadas para un mundo que ya no existe. No se trata solo de desactualización procedimental o falta de digitalización. Es algo estructural: la arquitectura institucional —local, nacional, regional e internacional— fue construida para procesar una velocidad, complejidad y naturaleza de los problemas radicalmente distintas.

Agregarle “un poco de futuro” a esas estructuras, incorporar un ejercicio de prospectiva aquí y allá, no resuelve el problema. Lo que se requiere es un rediseño profundo de cómo los Estados piensan, anticipan y deciden, desde el municipio hasta los organismos multilaterales.

Nada de esto es fácil en ningún lugar del mundo. Ni siquiera los países más avanzados, que llevan décadas construyendo capacidades de pensamiento estratégico de largo plazo, pueden decir que son invulnerables. Pero cuando miramos América Latina —y Colombia en particular— la situación es cualitativamente distinta. No porque seamos más frágiles ante las disrupciones, sino porque estas conversaciones simplemente no están ocurriendo. No en el debate público, no en los programas de gobierno, no en la agenda legislativa. El mundo está rediseñando sus instituciones para navegar futuros inciertos, mientras nosotros seguimos discutiendo con herramientas del pasado problemas que ya son del presente.

Colombia elige gobierno en estos días. Es un momento legítimo, necesario, cargado de expectativas. Pero quien llegue al Palacio de Nariño no gobernará el país que conocemos: gobernará un país inserto en un mundo que se reescribe a sí mismo, con reglas geopolíticas que ya no son las de ayer, con tecnologías que redistribuyen el poder antes de que nadie las regule, y con ciudadanos que exigen respuestas a problemas que ningún manual de gobierno previó. Administrar ese país con las instituciones del siglo pasado y la lógica del día a día no es prudencia; es una apuesta que América Latina no puede permitirse perder.

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Por eso la invitación es urgente: que la pregunta que Ginebra le hizo al mundo —cómo protegemos la decisión humana en la era de la inteligencia artificial y cómo rediseñamos la institucionalidad para los futuros que ya llegaron— entre de verdad al debate colombiano y latinoamericano. No como ejercicio académico, ni como agenda de largo plazo que siempre se pospone, sino como conversación política del presente. Los países que lleguen tarde a este rediseño no solo perderán competitividad; perderán capacidad de decidir su propio destino.