Las decisiones estratégicas que más afectan a una empresa no siempre tienen su origen en un mal análisis financiero o en una proyección equivocada. Conforme pasa el tiempo y se conocen nuevas tendencias en el mercado y el gusto de los consumidores, otros factores cobran mayor relevancia.
Factores emocionales como fuente de errores costosos
Según Sofía Spaggiari, gerente de Yo Vivo en Gratitud, factores como el estrés, el ego o la urgencia mal gestionada pueden terminar generando errores con un alto costo para las organizaciones. En su más reciente columna para Portafolio, sostiene que la inteligencia emocional y la gratitud deben entenderse como herramientas de gestión que fortalecen el liderazgo y mejoran la calidad de las decisiones empresariales.
La autora parte de una comparación con los balances financieros y explica que las empresas suelen medir con precisión activos tangibles como el efectivo, el inventario o la infraestructura, e incluso activos intangibles como la reputación o la cultura organizacional. Sin embargo, afirma que existe otro activo que rara vez se tiene en cuenta y que influye directamente en los resultados: la gratitud.
La gratitud como herramienta de gestión
Spaggiari asegura que los líderes más efectivos utilizan la gratitud de forma deliberada y no como un gesto de cortesía. "La usan como herramienta de gestión", escribe en la columna, al explicar que reconocer genuinamente el esfuerzo de los equipos fortalece la confianza y favorece una cultura en la que los problemas se comunican antes de convertirse en crisis. Esa dinámica, añade, también mejora el compromiso de las personas cuando las organizaciones enfrentan momentos complejos.
Desde su perspectiva, este elemento determina la manera en que los líderes toman decisiones y construyen relaciones dentro de las organizaciones.
Inteligencia emocional para gestionar el riesgo
Uno de los principales planteamientos de la columna es que los errores estratégicos más costosos pocas veces provienen de un problema técnico. Según la autora, suelen aparecer cuando las decisiones se toman bajo presión, desde el ego o en medio de la urgencia. Esa combinación puede afectar negociaciones, procesos de integración empresarial y la capacidad de los líderes para mantener cohesionados a sus equipos.
Frente a ese escenario, Spaggiari propone entender la inteligencia emocional como un mecanismo de gestión del riesgo y define esta capacidad como la posibilidad de reconocer lo que se siente, nombrarlo con precisión y elegir una respuesta en lugar de reaccionar impulsivamente. A su juicio, las negociaciones más exitosas y los equipos más resilientes tienen en común líderes capaces de interpretar el clima emocional con el mismo rigor con el que analizan un estado financiero.
La autora añade que ninguna hoja de cálculo incorporará variables como la gratitud o la inteligencia emocional, aunque ambas terminan influyendo en la evolución de los resultados. Desde esa perspectiva, considera que el desempeño financiero de una organización también depende de la calidad de las relaciones internas y de la forma en que los líderes administran las emociones dentro de sus equipos.
La gratitud también influye en las finanzas personales
La reflexión no se limita al ámbito empresarial. Spaggiari sostiene que en las finanzas personales ocurre un fenómeno similar: gran parte de la ansiedad económica no surge necesariamente de la falta de recursos, sino de la comparación permanente con otras personas y de la sensación de que nunca es suficiente. Esa percepción, afirma, puede llevar a decisiones apresuradas sobre ahorro, consumo o inversión.
Como alternativa, plantea que la gratitud funciona como un punto de referencia antes de diseñar un presupuesto o definir una estrategia financiera. Considera que hacer un inventario honesto de lo que ya se tiene permite decidir desde la claridad y no desde la urgencia. En consecuencia, quienes administran sus recursos desde esa perspectiva suelen invertir con mayor paciencia y desarrollar hábitos de ahorro más sostenibles.
Euforia y pánico: riesgos emocionales en las inversiones
La autora también advierte que la euforia y el pánico representan dos de los principales riesgos para cualquier portafolio de inversión. En ese contexto, sostiene que la gratitud puede actuar como un mecanismo para evitar decisiones impulsivas motivadas por el miedo a quedarse atrás o por la búsqueda de ganancias rápidas, favoreciendo una visión de largo plazo sobre el patrimonio.
Con todo lo anterior, Spaggiari concluye que el rigor financiero y las habilidades emocionales no son conceptos opuestos. Por el contrario, afirma que ambas dimensiones se complementan y permiten construir organizaciones más sólidas y personas con mejores criterios para administrar sus recursos.
A su juicio, integrar el análisis técnico con la inteligencia emocional fortalece la capacidad para enfrentar escenarios de incertidumbre y tomar decisiones más consistentes. Cierra diciendo que "liderar con gratitud, invertir desde la suficiencia y decidir con inteligencia emocional no son prácticas opuestas al rigor financiero. Son su complemento más sofisticado".
En su concepto, las organizaciones y las personas que logran combinar ambos lenguajes no solo obtienen mejores cifras, sino que construyen resultados más sostenibles porque se apoyan en factores que trascienden los indicadores de corto plazo.



