Blanca Inés Durán: la polarización y el odio amenazan la diversidad en Colombia
Polarización y odio amenazan la diversidad en Colombia

Blanca Inés Durán, bogotanóloga, ingeniera industrial y gestora pública, expresa su preocupación por la polarización que divide a Colombia desde sus orígenes como república. Señala que la historia del país se ha construido sobre binarismos irreconciliables: criollos versus realistas, centralistas versus federalistas, liberales versus conservadores, y más recientemente guerrillas versus paramilitares. Hoy, esa misma inercia arrastra a una polarización asfixiante entre izquierda y derecha.

La diversidad como riqueza y amenaza

Según Durán, en Colombia parece no permitirse la existencia de la diversidad, a pesar de que en ella radica la mayor riqueza y el máximo potencial de crecimiento, aprendizaje y reconciliación. “Nos han enseñado a temerle a la diferencia en lugar de abrazarla”, afirma. Tras los recientes resultados electorales, la fractura social se hizo tan evidente y violenta que muchas personas comparten el miedo a que la diversidad sea eliminada de la agenda pública y los discursos de odio ganen terreno.

Marcha del Orgullo LGBT: resistencia colectiva

Durán destaca que la Marcha del Orgullo LGBT del pasado domingo en Bogotá fue masiva y conmovedora, no solo una fiesta sino un acto de resistencia colectiva. “Quienes salimos a las calles lo hicimos porque no queremos que nos borren en medio de la división; no estamos dispuestos a desaparecer otra vez del mapa de los derechos fundamentales, después de tantos años de lucha, activismo y vidas entregadas a esta causa”, expresa.

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El legado de la Constitución de 1991 y el Acuerdo de Paz

Con la Constitución de 1991, Colombia pareció despertar de un largo letargo: aparecieron con fuerza jurídica y social las diversidades. Comunidades indígenas, afrodescendientes, personas LGBT y personas con discapacidad reclamaron su lugar en la historia. Durán afirma que en ese momento se sintió que el país había madurado, viendo más allá del blanco y negro para contemplar el arcoíris de su composición social. Esa apertura se profundizó con la firma del Acuerdo de Paz, que amplió el mapa nacional hacia regiones históricamente olvidadas como los Llanos, la Amazonía y el Pacífico.

El peligro de la rigidez binaria

Sin embargo, el panorama actual amenaza con hacer retroceder esos avances. Durán advierte que quienes tienen el poder y dinamizan las redes sociales quieren obligar a la sociedad a ponerse “las gafas del blanco y el negro”. El mensaje implícito es peligroso y simplista: “eres amiga o enemiga, eres de los nuestros o de los otros, estás conmigo o estás contra mí”. Ante esa rigidez mental, la movilización de las ciudadanías diversas se levanta como una respuesta política fundamental. “La marcha LGBT es color, es alegría, es disidencia pacífica y, sobre todo, es la oportunidad perfecta para recordarle a la sociedad que la vida real no cabe en sus moldes binarios”, sostiene.

Un llamado a tramitar los conflictos sin destruirse

Durán expresa su deseo de que esta sociedad deje de buscar excusas para odiarse y catalogar a las demás personas como enemigas a muerte. El verdadero desafío no es ganar la próxima elección, sino responder una pregunta estructural: “¿cómo logramos que este país aprenda a tramitar sus conflictos sin destruirse?”. Para ella, la solución radica en transformar la mirada colectiva, asumiendo la diversidad no como una amenaza a la seguridad o la tradición, sino como la mayor ventaja competitiva y la verdadera riqueza cultural. “La unidad no se logra homogeneizando a la ciudadanía, sino garantizando que cada color del arcoíris tenga un lugar seguro donde brillar”, concluye.

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