La esperanza es inacción: reflexión sobre el fracaso estructural de Colombia
Reflexión sobre el fracaso estructural de Colombia

La esperanza como inacción

Abandonen toda esperanza; de hecho, la esperanza es la antítesis del progreso. Es una forma de inacción. Todo va a estar bien porque sí. Lo digo porque nuestro fracaso es el producto de condiciones que han tenido 100 años para solidificarse; el fracaso ya es parte del sistema colombiano. ¿Hay culpables? Aquel caraqueño borrachín que entre bailes y bailes —y el mucho lamer cucos sucios—, dejó un potrero de patria. Pero ya es tarde para lamentarse. Aunque suerte tiene, pues de haberse quedado su osamenta acá, a manera de retaliación se hubiera profanado echándose a los perros de Santa Marta para que muelan. El país va a seguir igual. Hoy, mañana, a principios de enero del año que viene.

La alegoría del carro y el motor dañado

Voy a prodigar en esta carta una alegoría de la que me siento muy orgulloso y que pronto saldrá en mi primer libro El objetor de conciencia o la Ciclotea que se publicará en Fallidos Editores. Tenemos un carro cuyo motor falla. ¿La solución es cambiar el chofer o cambiar el motor? No importa si quien conduce es el hombre rojo o el hombre azul. Mientras el motor no se cambie, el carro seguirá fallando. En otras palabras, no importa el gobernante mientras no se cambien las estructuras dañadas; además, el gobernante no tiene poder para cambiarlas pues opera dentro de ellas. Las estructuras son ajenas a la voluntad consciente de la política y pertenecen al orden inconsciente. A razón, no es posible cambiar conscientemente las estructuras dañadas en cuatro años; las circunstancias para que esto se dé son tan excepcionales como la situación de que un colombiano está señalando eso ahora mismo.

La falta de personalidad de Colombia

Como decía Fernando González Ochoa, Colombia no tiene personalidad, copiadas leyes, copiadas constituciones… y, en esencia, se reproduce una narrativa europea ajena a nuestra realidad Suramericana. Por ejemplo, hace poco vi a De la Espriella hablando del milagro surcoreano: la patria milagro. Como cualquier hombre gris, ignora que no hay tal milagro sino una solución que es el único método posible para desarrollar un país: industrializar. El liberalismo, por ejemplo, cuando funciona se debe a que favorece la industrialización.

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Crítica a la transición energética

Cepeda, por otro lado, habla de transición energética ¡pero mi estimado señor, Colombia no produce ni un bombillo! ¿de qué transición habla: comprar carros eléctricos a países productores, y postergar el ciclo de consumismo? La transición energética no es un problema suramericano porque Suramérica no refina sus materias primas, sino que las vende barata, para luego comprarlas refinadas y caras a los países productores.

Un libro en camino

Todo lo anterior aparecerá mejor expuesto en mi Ciclotea, se imprimirán 200 ejemplares. No es lo que crees, lector, no estoy haciéndole publicidad a un libro que solo va a circular entre amigos. Es un decir.

Esta carta, en realidad, la escribo porque no puedo dormir; me estoy acostando muy tarde últimamente y sin razón. Simplemente no puedo dormir.

Osneider Ignacio, Plato, Magdalena

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