A pocos días de la segunda vuelta presidencial, el balance de la campaña es preocupante. Los candidatos finalistas, Abelardo de la Espriella (Defensores de la Patria) e Iván Cepeda (Pacto Histórico), llegaron con programas poco específicos que no ofrecen una visión creíble ni esperanzadora para el país en los próximos diez años. Sus propuestas, aunque diferentes, coinciden en enfocarse en problemas del pasado, apelar a ideologías y dirigirse solo a sus bases, en lugar de mirar hacia adelante y hablarle a toda la nación.
Preguntas sin respuesta
Quedaron sin abordar temas fundamentales como el respeto a la Constitución, la división de poderes, la relación entre el Ejecutivo y el Legislativo, las decisiones judiciales y el respeto al Ejército. Tampoco se habló de un camino claro hacia el desarrollo económico y social. La educación, la salud y la política social se mencionaron con consignas vagas y promesas poco creíbles. La corrupción y la violencia se trataron sin evidencia sobre cómo resolverlas de manera efectiva.
Un candidato habló de distribuir riqueza sin explicar cómo generarla, mientras el otro propuso crear riqueza con un plan poco realista. Además, tanto el gobierno como la oposición parecen no estar dispuestos a trabajar con el adversario.
Lo que está en juego
Más que la prosperidad inmediata, están en juego las oportunidades de las futuras generaciones. La campaña priorizó el corto plazo y el lenguaje de la rabia sobre la construcción de un país inclusivo. Desde nuestra posición como profesores universitarios, afirmamos que ninguna de las dos campañas ofrece una propuesta que permita imaginar una senda de prosperidad económica y social para los colombianos del futuro.
Es necesario repensar las condiciones para encaminar a Colombia hacia ese futuro. El país no pertenece a ningún bando: es de todos los ciudadanos, incluidos quienes aún no votan o no han nacido. Quien gane la presidencia y quien haga oposición deben respetar reglas que alineen la configuración política y social con una oferta de futuro común. Proponemos cuatro condiciones:
1. Recuperar la ética de la participación política
Rechazar toda forma de violencia, física, verbal o simbólica, hacia el adversario. La democracia implica reconocer que poder y verdad no son lo mismo, y que la voluntad de las mayorías no lo es todo. El presidente y el segundo deben participar en discusiones francas, aceptar el disenso y respetar las decisiones colectivas, tanto en juntas directivas como en el Congreso.
2. Respetar la institucionalidad
La división de poderes, el trabajo independiente de la Registraduría, el Banco de la República y los órganos de control, el debido proceso y las reglas fiscales y legislativas deben ser respetados. Ningún objetivo económico o de seguridad justifica amenazar las instituciones que garantizan estabilidad y pluralidad.
3. Cuidar la función pública y la burocracia
Colombia tiene una función pública independiente del presidente, lo que permite que las necesidades de la población guíen las decisiones, no el poder de unos pocos. La burocracia y las reglas protegen a todos los actores democráticos, incluso cuando no están en el poder.
4. Mirar adelante con propuestas concretas
Las políticas públicas deben basarse en evidencia y buscar mejorar la vida de toda la ciudadanía, no de grupos particulares. Deben incluir sistemas de seguimiento transparentes y verificables.
Gobernar para todos
Quien gane debe gobernar para todos los colombianos, no solo para sus votantes. Quien pierda debe liderar una oposición constructiva. Los ciudadanos que no apoyen al ganador siguen siendo dueños del país. El ganador debe gobernar también para ellos, y el perdedor debe representar con altura a sus seguidores y dialogar con los demás.
Colombia ha estado atrapada en un lenguaje de enemigos. Es hora de cambiarlo. Solo con reglas claras, respeto institucional, cuidado de la función pública y transparencia se puede construir un futuro inclusivo. Sin estas bases, el país compromete su viabilidad.
Sandra García y Darío Maldonado son profesores de la Escuela de Gobierno.



