Soy un perdedor entre 12 millones: reflexión tras triunfo de De la Espriella
Soy un perdedor entre 12 millones: reflexión post triunfo de De la Espriella

“Soy un perdedor. Además, soy un grano en medio de un desierto de más de 12 millones de perdedores”, escribe Santiago Bohórquez Garrott, periodista e internacionalista, en una carta abierta publicada en El Espectador. El autor reflexiona sobre la reciente victoria del abogado Abelardo de la Espriella y el impacto que esta tiene en el país.

Una victoria que genera zozobra

Bohórquez señala que nunca antes el país había reunido a tantos perdedores. La victoria de De la Espriella causa zozobra en la mitad del país que, a pesar de sus faltas, sintió en el gobierno de Gustavo Petro un respiro tras 200 años de derechas multicolor al mando del Estado. Parte de esa sensación también la abrazó la campaña ganadora con el eslogan de “los nunca”.

A pesar del tono conciliador de De la Espriella tras conocerse los resultados, su candidatura se sustentó en revanchismo, homofobia, machismo, violencia y altas promesas. El miedo está justificado por la naturaleza maquiavélica de que el fin justifica los medios.

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La izquierda vuelve a la oposición

Ahora que las ideas progresistas están en entredicho, enfrentadas por un gobierno cuyo tono de entrada fue el de “destripar”, hay que empezar a hacer las cosas bien. Bohórquez afirma que la izquierda está nuevamente en el sitio al que está acostumbrada: la oposición. Desde esa trinchera, es fundamental reconciliarse con la autocrítica y la sensatez.

No solo ganó Abelardo: perdió Petro. Su idealismo caudillista, sus pasos en falso y un narcisismo que roza lo tiránico lograron que un polémico candidato con propuestas antidemocráticas fuera visto por la mayoría de votantes como el defensor de la democracia.

Un llamado a la esperanza y la acción

Desde la esquina de la derrota, el progresismo democrático debe renacer con la fuerza de saberse bondadoso ante la desigualdad y amplio en el entendimiento del diferente. “Perdimos, y me incluyo sin ser petrista, porque sé que la humanidad ha recorrido un largo camino para alcanzar instituciones —hoy bajo ataque— que reconocen la dignidad en todos quienes habitamos el planeta”, escribe Bohórquez.

La carta es una invitación a quienes reconocen la esperanza más allá del idealismo: no dejarse amilanar ante voces violentas que van en contravía de los tiempos. La democracia da revancha, siempre y cuando se alcance el mérito necesario. Es imperativo derrumbar el pedestal moralista en el que flotan sus líderes y activistas para, desde el Congreso y las comunidades, convencer de que no todo tiempo pasado y arcaico fue mejor.

Jugarse por la paz y la gente

El progresismo debe jugársela por la paz, rechazar toda corrupción y saber tender la mano cuando los propósitos superan las cuentas dentro de sus trincheras. Habiendo perdido ese faro en el gobierno Petro, corresponde retomar la compostura democrática. “A partir de mañana, hay que jugársela por la gente que necesita la atención que nunca ha recibido. Hoy tocó perder”, concluye Bohórquez.

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