Tecnocracia: la clave del buen gobierno que Petro ignoró
Tecnocracia: clave del buen gobierno ignorada por Petro

El error de confundir ideología con capacidad de gobierno

Ningún gobierno es malo por ser de izquierda o de derecha. Sartori escribió con su habitual agudeza que “ser de izquierda o de derecha no agrega nada al valor de verdad de un conocimiento”. Lo que dice la evidencia agregada sobre los resultados de los gobiernos en función de su ideología es que, mientras los de izquierda tienden a favorecer políticas redistributivas que impactan positivamente indicadores como el índice de Gini y la prestación de servicios sociales, los de derecha suelen privilegiar incentivos favorables a la actividad empresarial y el crecimiento económico, obteniendo mejores resultados en el PIB, la competitividad económica global y la inversión extranjera.

La tercera vía como equilibrio

Algo, por lo demás, bastante intuitivo y que revela por qué los gobiernos de centro son los que balancean mejor la tensión entre libertad e igualdad que experimenta cualquier economía capitalista: “Tanto mercado como sea posible y tanto Estado como sea necesario” es la frase del economista alemán Karl Schiller que sintetiza la famosa “tercera vía”, postulada por Anthony Giddens a finales de los noventa como alternativa pragmática a la tensión entre el capitalismo desregulado y el comunismo.

La causa real del desastre de Petro

La razón por la que el gobierno de Gustavo Petro ha sido, decididamente, el peor en lo que va de este siglo en Colombia no es, entonces, que sea de izquierda. La principal causa del desastre fue que, luego de los primeros siete meses de su mandato, el presidente mostró una gran vocación por nombrar en los más altos cargos a ineptos leales (en lugar de rodearse de expertos con el conocimiento y el carácter suficientes para contradecirlo cuando iba a cometer los peores errores), mientras se ensañó contra los funcionarios más técnicos que tenía la administración, despidiéndolos para reemplazarlos por activistas afines a su ideología.

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La fobia a la tecnocracia como explicación

En otras palabras, la fobia de Petro y la izquierda colombiana más radical por la tecnocracia (que es sencillamente la aplicación del método científico a los asuntos del gobierno) es la que mejor explica el funesto resultado del último cuatrienio. Declararse enemigo de la tecnocracia es como operar a corazón abierto con tutoriales de YouTube en lugar de buscar a los mejores cirujanos. Es condenarse a la intuición y la improvisación en la administración del Estado, y además es un rasgo típico de gobernantes narcisistas como Petro o cualquier otro populista que cree sabérselas todas y considera a los expertos enemigos del pueblo.

La evidencia de Bo Rothstein: imparcialidad y meritocracia

La necesidad de la tecnocracia como presupuesto del buen gobierno no es una intuición, es un hallazgo soportado por la evidencia en ciencia política. El estudio empírico transnacional que mejor lo demuestra es el magistral libro del politólogo sueco Bo Rothstein, titulado “La calidad del gobierno” (2011), cuyo principal hallazgo es que el factor determinante del buen gobierno es la imparcialidad en la función pública: que las autoridades apliquen las leyes y las políticas sin favoritismos personales, partidistas o clientelistas. Y esta imparcialidad viene determinada fundamentalmente por la escogencia de una burocracia técnica y meritocrática, cuya base es la existencia de una carrera administrativa sólida.

Democracia no es suficiente: el caso de Singapur y China

El segundo gran hallazgo de ese trabajo es que la democracia electoral no garantiza por sí sola la calidad del gobierno. Esto explica por qué coexisten gobiernos democráticos, pero fracasados (llenos de corrupción y clientelismo), como el de Jamaica, con gobiernos autocráticos y exitosos como el de Singapur, un país con una burocracia técnica, meritocrática y poco corrupta. Lo cual, a su vez, explica el éxito reciente de China, gracias a la reconocida tecnocracia de su Partido Comunista (recordemos, además, que fue en la China imperial, hacia el año 221 a. C., donde se inventaron las bases de la burocracia estatal centralizada y profesional moderna).

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Democracia y crecimiento: el estudio de Acemoglu

Existe evidencia sólida de que las democracias tienen un mejor desempeño económico que las autocracias en el mediano y largo plazo. El trabajo ya clásico de Acemoglu et al. (2019) (“La democracia causa crecimiento”), luego de observar 175 Estados entre 1960 y 2010, encontró que los países que se democratizan logran 20% más de crecimiento del PIB en los siguientes 25 años, comparados con aquellos que siguen siendo autocracias.

Autocracias institucionalizadas vs. personalistas

Por su parte, una investigación de este año de Blattman et al. (2026), titulada “La penalización personalista: variedades de autocracia y crecimiento económico”, despejó cuál es la causa del desempeño asimétrico que tienen las autocracias: el nivel de institucionalización de los regímenes autoritarios es el que hace la diferencia. Aquellas autocracias altamente institucionalizadas (como Singapur, China después de Mao y México bajo el PRI, entre otras) tienen de media un desempeño económico estadísticamente similar al de las democracias (2,31% frente a 2,4% de crecimiento anual), mientras que las autocracias más personalistas (como la Venezuela chavista, Nicaragua con Ortega y Rusia bajo Putin) solo crecen, en promedio, 1,37% anual. La explicación de fondo que emerge es nuevamente la misma: las autocracias exitosas, gracias a su mayor nivel de institucionalización, tienen más tecnocracia, que al final resulta ser la variable determinante del buen gobierno.

Recomendaciones para el nuevo gobierno

En una situación de crisis estatal tan grave como la que hereda Abelardo De La Espriella, no hay tiempo para curvas de aprendizaje de funcionarios inexpertos. El presidente electo debe rodearse de verdaderos conocedores de cada cartera. Y, sobre todo, debe evitar nombrar yes-men: altos funcionarios complacientes y aduladores, áulicos serviles que, por cuidar el puesto, evitan decirle las verdades incómodas al jefe de Estado cuando se va a equivocar.

Escuché en la entrevista que Semana le hizo al nuevo ministro de Hacienda designado, Miguel Gómez Martínez, que antes de aceptar le advirtió al presidente que le llevaría la contraria con frecuencia y con criterio técnico. Esa debería ser la condición mínima de cualquier tecnócrata serio para aceptar un cargo.

En definitiva, un gabinete no debe ser una corte de aplausos sino una sala de máquinas con gente que entienda los indicadores, detecte el humo antes del incendio y sea capaz de decir “no” cuando los demás dicen “sí, señor” con sonrisa miedosa.