Elecciones 2026: Iván Cepeda vs. extrema derecha, el futuro de Colombia
Elecciones 2026: Iván Cepeda o el retorno de la mano dura

Las elecciones del próximo 31 de mayo no dejan espacio para las dudas. Lo que está en juego es tomar la ruta de ampliar la democracia, buscando la paz con justicia social o regresar al sendero de la represión y el autoritarismo.

La disyuntiva electoral

La alternativa es elegir entre un candidato serio y coherente, cuyo objetivo es profundizar las reformas en beneficio de las grandes mayorías, o escoger a uno que promete mano dura y el retorno a la llamada Seguridad Democrática, que produjo miles de jóvenes asesinados por las entonces desprestigiadas Fuerzas Armadas del Estado, en asocio con grupos paramilitares, e impuso como política el terror y los ríos de sangre en los campos colombianos.

Así muchos lo desconozcan, traten de ocultarlo o se dejen convencer por toneladas de desinformación, gracias al presidente Petro, y pese al presidente Petro, el país cambió. Pese al presidente, porque permitió que la corrupción alcanzara de nuevo altos cargos gubernamentales, realizó nombramientos desacertados y no ejerció un liderazgo cotidiano y directo sobre sus más cercanos colaboradores, dejando el espacio libre para constantes pugnas que desgastaron al gobierno, aparte de sus, muchas veces, irreflexivos mensajes en redes sociales. No obstante, el presidente logró despertar entre extensas capas de la población la conciencia de que son ciudadanos colombianos con derechos y que deben luchar por ellos.

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Logros del gobierno Petro

Además, su gobierno puede mostrar realizaciones fundamentales en diversas áreas. Por solo citar algunas, la entrega de tierras al campesinado en proporciones que ningún gobierno lo había hecho; según datos de la Agencia Nacional de Tierras, se han gestionado 703.121 hectáreas para familias campesinas y se han impactado 2,5 millones de hectáreas para impulsar la reforma agraria, con una inversión de 1,7 billones de pesos. También sacó adelante la reforma laboral, la pensional, el salario mínimo vital de dos millones de pesos y comenzó la democratización de las Fuerzas Armadas, buscando desterrar la Doctrina de la seguridad nacional, que considera enemigos que deben ser eliminados a todos aquellos que levanten la voz en defensa de sus derechos.

Otra labor importante fue desenmascarar a lo más rancio de la clase dirigente tradicional que desde el Congreso, distintas instituciones, agremiaciones y medios de comunicación corporativos, se opuso en forma radical a las imprescindibles reformas: salud, pensional, laboral, tributaria, educativa, judicial. El gobierno consiguió concretar varias de ellas, otras en parte y las demás vienen en camino. De ahí la popularidad del presidente Petro que, a pocos meses de terminar su mandato, tiene un 50 % de aprobación.

La propuesta de Iván Cepeda

Para profundizar en la ruta de ampliar la democracia es preciso elegir al candidato que abandera las reformas, con un elemento fundamental: la lucha contra la gran corrupción, la megacorrupción, que ha penetrado en todos los partidos y tiene tentáculos en muchas de las instituciones, como lo ha reiterado Iván Cepeda. Se necesita a un ser humano calmado y a la vez firme y decidido, coherente, metódico que consolide las necesarias reformas, permitiendo en paralelo el desarrollo de las empresas e industrias pequeñas, medianas y grandes, como viene sucediendo. Iván Cepeda Castro es el candidato que entiende que la inequidad es fuente de violencias, y que el diálogo abierto y sincero con diferentes sectores es indispensable.

Además de contar con el respaldo de diversas tendencias progresistas, Iván, quien desde hace meses encabeza las encuestas y aspira a ganar la presidencia en primera vuelta el próximo 31 de mayo, tiene un programa de gobierno coherente y serio y está logrando agrupar en la “Alianza por la vida” las corrientes más democráticas dentro de los verdes, conservadores, liberales, independientes, defensores de derechos humanos, comunidades indígenas, campesinas, negras, víctimas de la violencia y a organizaciones que reúnen a la mayoría de los trabajadores. ¿Y qué decir de la senadora Aida Quilcué, su vicepresidenta? Una valiente mujer indígena que se ha dedicado a la defensa de los derechos de los desposeídos; como Iván, también ha puesto ya en marcha el diálogo con empresarios y ha jugado papel importante en la aprobación de las reformas.

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La alternativa de la extrema derecha

¿Que hay del otro lado? La candidata del Centro Democrático, Paloma Valencia, que fue escogida por el expresidente Álvaro Uribe desconociendo a quien lideraba las encuestas en su partido, y en parte seleccionada porque, como ella lo confesó en una entrevista con las entonces otras dos candidatas con las que se enfrentaba, de las tres ella es la que más caso le hace a Uribe. Entre otras declaraciones, Paloma, quien ha dicho que Uribe es su papá, se ha opuesto en el Congreso a las reformas, ha propuesto que se divida el departamento del Cauca, dejando un pedazo para los indígenas en una especie de reserva o apartheid, y que, si protestan, se les debe cortar el agua y la luz. Para no ir más allá, basta con señalar que hace poco anunció que Álvaro Uribe sería su ministro de Defensa.

Cabe recordar que, tal como lo relató Virginia Vallejo, amante de Pablo Escobar, el capo le presentó a Álvaro Uribe como el "Muchacho Bendito", ya que les permitió la primera gran expansión de su comercio ilegal, pues desde su cargo como director de Aeronáutica Civil les dio las licencias para las pistas y los aviones del narcotráfico. Escobar le dijo que, si no fuera por el Muchacho Bendito, «todavía estaríamos trayendo la pasta de coca en llantas de Bolivia y nadando hasta Miami para llevarles la mercancía a los gringos» ("Amando a Pablo", odiando a Escobar").

El otro candidato de extrema derecha es Abelardo de la Espriella, quien ha prometido destripar a la izquierda y considera al candidato Cepeda no como un adversario sino como “un enemigo de la patria”. Agrega él: “Sepan ustedes señores de la izquierda que en mí tendrán siempre a un enemigo acérrimo, que hará todo lo que esté a su alcance para destriparlos, como corresponde, porque ustedes no merecen un trato diferente… acabar ese cáncer que significa la izquierda… a esa plaga hay que erradicarla, así de sencillo y en mí encontrarán el peor enemigo posible…”.

Por su parte, el centro político de nuevo puso por delante los egos y las indefiniciones, y está consiguiendo casi desintegrarse.

Llamado a la reflexión

Ojalá que quienes aún dudan de “por quién votar” revisen la personalidad, trayectoria y programas de Iván Cepeda, y recuerden que sería un grave error volver a la doctrina de la mano dura, la antidemocracia, la concentración excesiva de capitales y la represión contra los trabajadores, defensores de derechos, periodistas, comunidades negras, campesinas, indígenas. Implicaría el retorno a lo peor: los tiempos de Turbay Ayala, en que cada día se sabía de un nuevo desaparecido, de un nuevo torturado o asesinado; luego, y con el mayor ascenso del narcotráfico, las despiadadas masacres cometidas por los paramilitares en asocio con las Fuerzas Armadas y el exterminio de cerca de cinco mil miembros del partido político Unión Patriótica… hasta llegar a los mal llamados falsos positivos, durante los cuales más de seis mil jóvenes fueron asesinados por el Ejército, entre el 2002 y el 2008, época de los gobiernos de Álvaro Uribe.

Me estremeció este mensaje de la Asociación Madres de Falsos Positivos de Colombia (MAFAPO), cuando la candidata Valencia afirmó que Uribe sería su ministro de Defensa: “Cuiden a sus hijos. Volverán los falsos positivos”.

La decisión está en nuestras manos y en nuestras conciencias. Ojalá Iván triunfe en primera vuelta, pues en la segunda la extrema derecha iría unida y, aunque posiblemente será derrota, acarrearía mayor desgaste de energías. Iván, quien lanzó su campaña hace pocos meses, es ya hoy un estadista.

Por Guillermo González Uribe